ETA convirtió ayer su decimotercer atentado de este año en una nueva sucesión de cristales rotos y demostraciones de incredulidad, miedo y hartazgo. La banda terrorista eligió la sede de Falange situada en la localidad cántabra de Santoña para detonar una bomba compuesta por cinco kilos de amonal, cuya deflagración provocó heridas leves a un vecino, que sufrió un corte en un párpado al resultar alcanzado por una esquirla de vidrio, y la voladura de las ventanas de un hotel y media docena de inmuebles.