El Correo Digital
Jueves, 9 de marzo de 2006
 Webmail     Alertas    Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
FELIZ. La alegría de Vila explotó al cruzar la meta. / REUTERS
CICLISMO
El eco de un golpe en la mesa ha tardado casi once años en llegar a su destino. Fue en 1995. Cuatro voces sentadas: Patxi Vila, entonces ciclista amateur; Paco Aiestaran, su preparador físico; Esteban Gorostiaga, su médico, y Óscar Guerrero, entonces director del Caja Rural y hoy del Kaiku. Tabla redonda y un objetivo: Patxi tenía que ser profesional. La cruzada conquistó en 2000 la bandera del Banesto y luego la del Lampre. Pero quedaba algo por estrenar: el palmarés. Eso fue ayer, en la primera etapa de montaña de la París-Niza y a lo grande. Por delante del nuevo líder, Floyd Landis, y con el eco de aquel viejo golpe rebotando en el puerto de la Croix de Chaubouret.
 
 

Vocento