«La naturaleza se cobra vidas sin inmutarse, no conoce el daño que causa. El hombre, en cambio, utiliza la inteligencia para refinar la maldad, y con esa inteligencia se puede llegar a ser exquisitamente cruel. Los peores seres humanos que he conocido en este mundo eran todos muy inteligentes».», afirmó ayer Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) durante la presentación de 'El pintor de batallas' (Alfaguara), su novela más filosófica e introspectiva. «No hay cambio en mi forma de ver la realidad, lo que hay, lógicamente, es evolución», argumentó. «El ojo de ahora está más experimentado que cuando tenía treinta años, pero sigue siendo el mismo».
Ese ojo, en buena medida, es el del protagonista de la historia, Andrés Faulques, un fotógrafo de guerra que recorre muchos escenarios para captar la imagen definitiva, una imagen que concentre y resuma la tragedia que subyace en cualquier enfrentamiento bélico. «En él he puesto mucho de mí, pero también hay mucho de todos los fotógrafos que he conocido», precisó. Ante la imposibilidad de recoger el horror en una sólo instantánea, Faulques renuncia a su empeño y se refugia en un torreón, junto al mar Mediterráneo, para plasmar en un fresco lo que no pudo reflejar la cámara fotográfica.
La bota que aplasta
«Lo siento por mis amigos fotógrafos, pero la fotografía ya no vale. Desde el momento en que una imagen de guerra sirve para publicitar moda la desnaturalización es absoluta», dijo. «Ni siquiera son fiables los grandes iconos que todos tenemos en la cabeza; por ejemplo, la fotografía del miliciano que captó Robert Capa en Cerro Muriano está trucada: la hizo durante unas maniobras. Y la del soldado del casco en la playa de Omaha, durante el desembarco de Normandía, tiene ese efecto borroso por un defecto del revelado, no porque a Capa le saliese así».
Ante el fiasco de la fotografía como herramienta para bucear en las entrañas del ser humano, el protagonista de 'El pintor de batallas' centra sus esfuerzos en el arte pictórico. «Se da cuenta de que las miserias del hombre están en los cuadros de El Bosco, de Brueghel 'El Viejo' y, sobre todo, de Goya, y tiene el convencimiento de que la pintura es capaz de resolver sus intuiciones filosóficas».
En opinión del escritor y académico de la Lengua, la inteligencia, si se utiliza perversamente, puede convertirse en «una bota que aplasta y humilla», pero si se utiliza con buen sentido «es capaz de crear cultura, el único consuelo al que podemos aferrarnos en esta vida».
Un día, mientras Faulques está pintando el mural, recibe la visita de Ivo Markovic, un soldado croata a quien fotografió durante la guerra de Bosnia. Esa fotografía le reportó fama y prestigio a Faulques, pero supuso la ruina del croata. Markovic quiere hablar de aquel episodio y también ajustar cuentas. Estos dos personajes, más una antigua novia del fotógrafo y la propia pintura, forman el eje de la historia. «Hay quien piensa que es una novela muy distinta a las anteriores, pero yo creo que mis obsesiones siguen ahí: la amistad, el amor, el viaje como peligro y la cultura como salvación».
Pesadillas y fantasmas
Pérez-Reverte insistió en que no es una novela de guerra, ni tampoco sobre la guerra. «He aprovechado mis experiencias de reportero en decenas de conflictos para hablar, simplemente, del hombre. Ya no tengo pesadillas sobre la guerra: las tuve, pero ya no las tengo; gracias a los libros que he escrito he transformado mis pesadillas en fantasmas».
Dijo que nunca escribirá sus memorias. «Podrían llevar el título de 'Os vais a enterar'», comentó riendo. «Pero no, no tiene sentido que yo escriba mis memorias; eso lo puede hacer Winston Churchill, no yo; lo que soy está en lo que escribo».
Pérez-Reverte está satisfecho de la versión cinematográfica de su capitán Alatriste. Dirigida por Agustín Díaz Yanes y protagonizada por Viggo Mortesen, la película, que se estrenará en unos meses, recrea las aventuras del famoso espadachín. «La he visto montada y está muy bien», aseguró. «Va ser todo un acontecimiento».
El escritor se mostró visiblemente más contento que con otras experiencias de novelas suyas llevadas a la pantalla. «Si tuviera que poner a esta película una nota del uno al diez, sería una nota muy alta». «La mirada de Viggo Mortesen es inolvidable. A partir de ahora me va a resultar imposible imaginarme otra imagen de Alatriste que no sea la suya».