 SIN FUELLE. Ronaldo cae al suelo en una de sus internadas en el área del Arsenal ante la atenta mirada de Emmanuel Eboue y Kolo Toure. / REUTERS |
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| LAS CLAVES |
Partidazo de Henry
El delantero francés dio una lección de calidad y de inteligencia. Aceleró cuando había que hacerlo y enfrió el balón a su antojo.
Ocasión de Raúl
El escenario del partido podría haber cambiado en la segunda parte si Raúl hubiera aprovechado la mejor ocasión de su equipo. Arsenal: Lehmann; Eboué, Touré, Senderos, Flamini; Hleb (Bergkamp, min. 86), CescFábregas, Ljungberg, Gilberto Silva, Reyes (Pires, min. 67); y Henry.
Real Madrid: Iker Casillas; Míchel Salgado (Robinho, min. 83), Sergio Ramos, Raúl Bravo, Roberto Carlos; Thomas Gravesen (Baptista, min. 67), Guti, Zidane, Beckham; Raúl (Cassano, min. 72) y Ronaldo.
Árbitro: Lubos Michel (Eslovaquia), Amonestó a Henry por el conjunto local, y a Guti, Roberto Carlos, Gravesen, Raúl Bravo por parte del Real Madrid. |
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La eliminación del Real Madrid ante un Arsenal discreto al que fue incapaz de marcar un gol en 180 minutos escenificó ayer el fin de ciclo blanco y de sus estrellas decadentes. Aunque los blancos lucharon en Highbury y lo intentaron con más corazón que acierto, dejaron patente que, hoy por hoy, les falta fútbol, velocidad, condición física, fe y hasta ese pelín de fortuna con la que hasta hace poco sí convivían.
Firmaron un digno empate en Highbury que, en realidad, sólo sirve para hacer más grande si cabe el golazo de Henry en Chamartín. Como el año pasado, caen en octavos de la 'Champions', cuando la verdadera Copa de Europa comenzaba, y se despiden de la temporada. López Caro intentó evitar hacerse el harakiri en su cita más importante y, al final, puso en liza a Ronaldo, acompañado por un Raúl que no jugaba de titular desde que el 19 de noviembre se lesionó ante el Barça. ¿Decisión salomónica para contentar a dos estrellas enfrentadas? Eso sólo lo sabe el lebrijano. Aunque la realidad constató que, ciertamente, el brasileño está a años luz de su mejor forma y, el madrileño, no digamos, ambos sueñan con el gol y son indiscutibles en las citas definitivas.
Escoró a Zidane a la izquierda, retrasó a Guti para juntarle con Gravesen -una medida conservadora- y apostó por la veteranía y agresividad de Salgado en lugar de la osadía y profundidad de Cicinho. Que en un duelo de este calibre prescindiera en el arranque de Baptista, Robinho, Cicincho y hasta Cassano, cuatro de los fichajes estelares, evidencia, en todo caso, el fracaso del proyecto diseñado por Florentino Pérez.
Sobre un campo pequeño, parecido a una caja de cerillas comparado con el Bernabéu, el Madrid tuvo una puesta en escena interesante, pero poco más. Sabía que tenía que ganar, meter el miedo en el cuerpo a los londinenses, que repitieron el once de Chamartín y esa zaga cogida con alfileres por las bajas de Lauren, Campbell y Cole, y quiso tener el balón y la iniciativa. En poco menos de tres minutos, el Madrid dispuso de dos buenas ocasiones y silenció Highbury. Una pena que Ronaldo cabeceara mal un gran centro de Gravesen y que Roberto Carlos disparase fuera.
Ese arranque prometedor fue un mero espejismo, ya que paulatinamente el Arsenal se recompuso, perdió en parte el miedo que le atenazaba y pudo irse al descanso con la eliminatoria resuelta si Reyes no hubiese errado dos goles cantados y lanzado contra Salgado y el travesaño. Los ingleses parecían más fuertes, rápidos, concentrados y contundentes.
Parada de Casillas
El Madrid empezó a mostrar sus defectos. No rompía por banda, no conectaba con sus delanteros, sufría con Guti tan lejos del área y atrás era un flan. En cada balón parado, en cada contragolpe y en cada triangulación cerca del área, los 'gunners' se movían a su antojo. Apenas cambió el decorado en la reanudación. El Madrid volvió a salir con una marcha más y encerró a un Arsenal que seguía buscando con descaro el contragolpe. Y de nuevo, el equipo español pudo equilibrar la eliminatoria, pero Raúl se topó contra el poste y, cuando ya cantaba el gol, contra una mano providencial de Lehmann.
También esta vez el Arsenal se recompuso, controló la situación y, si no sentenció, es porque el bielorruso Hleb y el marfileño Touré fallaron dos buenas ocasiones y Casillas le hizo la parada del partido a Henry. Entonces, Cassano y Baptista ya habían entrado por
Gravesen y un agotado Raúl. Faltaban apenas 20 minutos y no quedaba otra que arriesgar. A López Caro aún le quedaba una bala en la recámara. Pero Robinho apenas tuvo tiempo, ni alma, para arreglar la situación. Ni él ni Iker, que subió a la desesperada a rematar un córner y a punto estuvo de costarle un gol en contra. Fue otro síntoma del quiero y no puedo.