«Sabía que todo se jugaría en la última subida. Los ataques empezaron pronto y me dediqué a seguir a Landis. Él quería el maillot amarillo y yo el triunfo de etapa», resumió Patxi Vila tras descender del podio de su primer triunfo profesional. El anterior, en el campo amateur, data de la Vuelta a Palencia de 2000.
Y siempre que un ganador se estrena, se descubre. La prensa internacional le rodeó de preguntas hechas para un recién llegado. «Tardé en pasar a profesionales (en 2001) porque no quería sacrificar mis estudios de preparador físico. Después de mi paso por Banesto vine al Lampre con mi amigo Garate».
Tras el pasado, le cuestionaron sobre su futuro: «En invierno pedí en el equipo que me dejaran ser el líder en algunas carreras. Hasta el Tour de Romandía no estaré con Cunego y podré jugar mis bazas». Vila es pragmático: «No quiero perder la cabeza por esta victoria. En la París-Niza quedan etapa muy duras».
Como duro fue su camino hacia el éxito. Con dos años esquiaba. Con seis era ciclista; compitió en triatlón blanco; le tentó la pelota como a su primo Inaxio Errandonea e incluso coqueteó con el balonmano. Pero quiso ser ciclista. A su manera. Con su método, apoyándose siempre en la ciencia, estudiando para mejorar. Suya es la imagen publicada en EL CORREO mientras realizaba una prueba biomecánica en el Centro de perfeccionamiento de Fadura.