El Correo Digital
Jueves, 9 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
POLÍTICA
POLÍTICA
ETA reaparece en Cantabria y hace estallar una bomba en la sede de Falange en Santoña
La deflagración causó heridas leves a una persona y daños en el local y varios edificios, entre ellos un hotel La falta de tiempo impidió evacuar a los vecinos
ETA reaparece en Cantabria y hace estallar una bomba en la sede de Falange en Santoña
DESTROZOS. La bomba provocó numerosos daños en el local de los falangistas. / FOTOS: IGNACIO PÉREZ
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

ETA convirtió ayer su decimotercer atentado de este año en una nueva sucesión de cristales rotos y demostraciones de incredulidad, miedo y hartazgo. La banda terrorista eligió la sede de Falange situada en la localidad cántabra de Santoña para detonar una bomba compuesta por cinco kilos de amonal, cuya deflagración provocó heridas leves a un vecino, que sufrió un corte en un párpado al resultar alcanzado por una esquirla de vidrio, y la voladura de las ventanas de un hotel y media docena de inmuebles.

La explosión se produjo a las 8.00 horas. Cuarenta minutos antes, un comunicante anónimo había avisado a la DYA de Guipúzcoa de la colocación del artefacto junto al local social de los falangistas. Éste ocupa los bajos de un palacio del siglo XVIII declarado como bien cultural -en la actualidad, sin vecinos- en la calle General Salinas, una arteria estrecha y muy frecuentada puesto que comunica la plaza principal de la villa y el puerto.

La Guardia Civil y la Policía Municipal acordonaron rápidamente esta vía y, mediante megafonía, conminaron a los residentes a permanecer en sus viviendas y refugiarse en las habitaciones más alejadas de la fachada. La falta de tiempo y las propias dimensiones de la calle, unidas a la ubicación de la bomba, desaconsejaron el desalojo de los vecinos. «Bastantes personas hubieran tenido que cruzar a unos pocos metros del artefacto. Y nadie puede asegurar que no vaya a explotar antes de la hora señalada», comentaba un agente.

Medio centenar de clientes de un hotel, ubicado precisamente enfrente de la sede política, también fueron puestos a resguardo en la parte posterior del edificio. Entre ellos, se encontraba un grupo de pensionistas que disfrutaba de unos días de descanso en la comarca. Tras la deflagración, algunos testigos sufrieron crisis nerviosas y un vecino tuvo que ser evacuado al hospital de Laredo para ser asistido de una herida leve en un párpado por el impacto de un cristal.

El amonal se encontraba dentro de una bolsa. Sobre ella, los terroristas habían colocado un cartel que alertaba 'Peligro, bomba', en línea con el método empleado por ETA en sus últimos atentados. Precisamente, esa leyenda es la primera imagen que conserva el presidente local del Movimiento Falangista, Valeriano Pérez, del instante en que un guardia civil le obligó a retroceder cuando acudía a abrir el bar de la sede a las 7.30 horas. «La explosión ha sido muy fuerte», explicó más tarde, afectado por un ataque «sorprendente» puesto que «nunca hemos recibido amenazas».

En cambio, un portavoz de La Falange en la capital cántabra, que ha convocado una manifestación para el día 18, aseguró haber recibido «constantes amenazas» de la izquierda abertzale en Santander.

«Nos han 'tocado'»

«No es como las bombas de verano», subrayó el presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, para explicar la mayor magnitud de la acción terrorista, que causó serios daños en el palacete y destrozó las cristaleras de unas cuarenta viviendas, además de provocar desperfectos en varios vehículos. La detonación pudo escucharse en numerosas zonas de este municipio de 14.000 habitantes, habitualmente visitada por veraneantes vascos.

«¿Miedo? Mucho. Pero sobre todo nos hemos quedado asombrados. Éste es un pueblo tranquilo. Hace cuatro días estábamos celebrando el final del Carnaval justo al lado del lugar de la explosión», decía Miguel Ángel Viadero, quien sintió que «algo grave» ocurría cuando, en pleno desayuno con su hijo «para llevarle al colegio, oímos el estruendo y la casa entera pareció moverse. Este pueblo ya no va a ser el mismo, lo han 'tocado'».

A unos metros del cordón de seguridad, una mujer también había sido golpeada. Al parecer, por segunda vez. Sus ojos, acuosos. Ni una palabra. Sólo miraba «Es que creo que un familiar suyo resultó herido hace años en un atentado de ETA en Madrid», confía un vecino. «Y ahora, ¿qué nos toca? ¿Gritar para que encarcelen a toda esta gentuza o callar por miedo a quién está escuchándote al lado?», se preguntaba.

El atentado recibió la condena de todas las fuerzas democráticas -tanto la Presidencia del Gobierno cántabro como el delegado del Gobierno acudieron a la villa- y del pleno del Ayuntamiento santoñés, que reclamó «unidad y diálogo» a los partidos políticos.



Vocento