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día mundial del riñón
Osteoporosis y dolencias cardiovasculares provienen a menudo de fallos renales
El 12% de la población padece esta insuficiencia y la mitad no lo sabe
Osteoporosis y dolencias cardiovasculares provienen a menudo de fallos renales
EL ESPECIALISTA del hospital de Galdakao Jesús Montenegro preside la Sociedad Nefrológica del Norte. / MAITE BARTOLOMÉ
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Un infarto de corazón puede ser consecuencia de un mal funcionamiento de los riñones, uno de los órganos más importantes del cuerpo humano. Recientes investigaciones han puesto de manifiesto que un elevado porcentaje de los casos de enfermedades cardiovasculares, que constituyen la primera causa de muerte en España, y de patologías tan extendiddaas como la osteoporosis revelan la existencia de insuficiencia renal, un problema de salud que, de no tratarse a tiempo, puede amenazar la vida. Los epidemiólogos calculan que un 12% de la población mundial, unos 780 millones de personas, la sufren. Como no produce síntomas, la mitad de los afectados ni siquiera sabe que la padecen.

El avance de la patología renal, que ha adquirido tintes de pandemia, ha llevado a las sociedades científicas internacionales de nefrología a promover la celebración hoy del primer Día Mundial del Riñón, que a partir del próximo año se conmemorará el segundo jueves de marzo. La primera convocatoria, la de este año, quiere dar a conocer el papel de protagonista que desempeña este órgano del tamaño de un puño, además de concienciar a la sociedad sobre la necesidad de controlar su buen funcionamiento.

Los especialistas buscan, además, el compromiso de los médicos de cabecera en la lucha contra esta enfermedad. «La mayoría de la población se muere en la actualidad de infartos, hemorragias cerebrales y patología coronaria. La falta de riego en las piernas provoca su amputación en un número significativo de personas mayores. Y en todas esas complicaciones tiene mucho que ver el funcionamiento de los riñones», recalca Jesús Montenegro, presidente de la Sociedad Nefrológica del Norte, que aglutina a los expertos del País Vasco, Cantabria, La Rioja y Navarra.

El mayor problema para la detección de la insuficiencia renal es que carece de señales que avisen de su presencia. Es una enfermedad silente, que cuando se manifiesta -generalmente acompañada de otras complicaciones de la salud- suele ser demasiado tarde para comenzar un tratamiento preventivo. En multitud de ocasiones, el momento del diagnóstico coincide o está próximo al inicio de una terapia de diálisis o a la necesidad de un trasplante.

La función más conocida de los riñones, que no la única, es la de actuar como una depuradora: filtran la sangre, destruyen proteínas inservibles y devuelven al organismo las sustancias que todavía le son útiles. Si un riñón en buen estado funciona al 100% de su rendimiento, la alarma se desata para los nefrólogos cuando esa capacidad de acción baja hasta el 70%. Cuando el nivel de tóxicos en el órgano limita su actividad al 8% es el momento de que el paciente comience a recibir diálisis, un tratamiento que puede resultar incómodo y que consiste en la limpieza de la sangre mediante el uso de una máquina.

Una prueba sencilla

La relación entre la insuficiencia renal y las enfermedades cardiovasculares es tan estrecha que una de las primeras pruebas a la que someten los cardiólogos a sus pacientes consiste en comprobar el estado de sus riñones. Aún así, la mitad de las personas afectadas de insuficiencia renal escapa al control de los especialistas. Por eso, la Sociedad Nefrológica del Norte busca la implicación de los médicos de atención primaria. Unos simples análisis de sangre, «que pueden realizarse en cualquier laboratorio», permitirían saber a los médicos de cabecera el estado de los riñones de sus pacientes, con un margen de error del 5%.

Según Montenegro, que trabaja como jefe del servicio de Nefrología del hospital vizcaíno de Galdakao, Euskadi cuenta con menos de 25 nefrólogos y ninguno en los centros de salud. Los facultativos de medicina de familia han expresado a la sociedad que preside su disposición a colaborar en la búsqueda de la patología renal. Según el especialista, las personas mayores de 60 años, con antecedentes cardiovasculares, diabéticos o hipertensos deberían someterse a la prueba. El resto evitará la enfermedad con una vida sana, sustentada en la práctica de ejercicio y el mantenimiento de una dieta equilibrada.



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