Todo comenzó hace doce años. Primero fue una tos imparable; luego un quiste en los ovarios que obligó a arrancarle la matriz. Los médicos no daban con la enfermedad de Asunción Aguirrebeitia, una paciente duranguesa de 60 años. Sufrió dos anemias, le aparecieron dos espolones en los pies y, lo que más preocupaba a los médicos, constantes indicios de una inflamación que no aparecía por ningún lado. Hasta que lo hizo. «Tiene usted los riñones como una mujer de 80 años», concluyeron.
-¿Cuál era su problema?
-Tenía una vasculitis necrotizante, una enfermedad rara también llamada de Wegener, que no sé si hay algún otro caso en Vizcaya. Si lo hubiera, la verdad, me gustaría contactar con ellos.
-¿Ese mal le destrozó los riñones?
-El diagnóstico fue de locura. Pruebas, ingresos, máquinas, hasta que se me practicó una biopsia del riñón y constataron que funcionaba al 21%, hace doce años. En la última revisión, bajó al 19%.
-¿Cómo ha evitado durante doce años la diálisis y el trasplante?
-Cuidándome. Como sólo lo justito. No me dejan tomar carne, pescado, ni huevos, nada que tenga proteínas. Entonces, ¿qué me queda? Pues, como dicen los médicos, dos alitas de pollo.
-¿Sólo!
-Cuando hago la compra tengo que ir mirando las proteínas que tiene cada producto. Puedo comer pastas, verduras, algo de legumbre, pero limpias; y desayuno té con tostadas con mermelada. Tenemos prohibida la leche, pero todos los días, a media mañana, me permito un cortado con las amigas.
-¿No pasa hambre? ¿O es que una se acostumbra a todo...?
-No pasas hambre, pero sí envidia. El otro día tuve una comida familiar. Ellos se sacaron su cordero, su tarta, su mantecado, su chocolate por encima -¿Ay, chocolate!-; y yo me tuve que conformar con una sopita y un melocotón en almíbar, pero sin almíbar.
-¿Cómo ha aguantado tantos años, doce, sin diálisis ni trasplante?
-Una afectada me dijo en una ocasión '¿Cuál es tu truco?' No lo hay, le contesté. Sigue el régimen que te dé el médico y quítate el café con leche del desayuno. Luego me la encontré al de un año y tuvimos la misma conversación. ¿Y tú quédesayunas?, le pregunté. Y me respondió: 'pues yo, café con leche'.
-¿Diría que hace una vida normal?
-Bueno, he ido muchas veces de vacaciones, pero tengo la piel estropeada de tanta cortisona. En dos ocasiones me subió la fiebre estando en Torrevieja y tuve que volverme al hospital.
-Parece usted muy optimista. ¿Está encantada con la vida?
-Estoy encantada de vivir. Hace doce años, ni yo ni los médicos nos esperábamos esto. Ahora, al menos, vivo. La diálisis igual llega; y luego el trasplante ya se verá.
-Es fuerte.
-Nunca he derramado una lágrima. Me ha tocado y ya está. Hay que seguir adelante.
-¿Piensa en la posibilidad de someterse a un trasplante renal?
-Me pregunto por qué la gente no dona más. Un órgano es un diamante. Quemarlo o dejar que se lo coman los gusanos no tiene sentido. De algún modo, tu ser querido sigue vivo en otra persona.