Iban Zubiaurre se saltó la cláusula de treinta millones de euros que figuraba en su contrato con la Real Sociedad pero, al mismo tiempo, el blindaje que le impuso el club donostiarra era abusivo y buscaba de alguna forma retener al jugador. Ésta es la argumentación estrictamente jurídica que emplea el juez Xavier González de Rivera para cuantificar en cinco millones la indemnización que deben pagar el lateral y la entidad rojiblanca. Pero, más allá de los razonamientos legales, el magistrado plantea una serie de reflexiones sobre las cláusulas de rescisión en el mundo del fútbol que cuestionan el espíritu original de las fuertes 'corazas' económicas con las que algunos equipos visten a sus deportistas, incluso sin negociarlas con ellos.
El juez, por ejemplo, expresa sus dudas por la política unitaria de blindajes que aplica la Real sobre sus posibles jugadores promesas, una práctica muy común entre los clubes españoles para atar a aquéllos que superan esa calificación y progresan hasta llegar al primer equipo. «La circunstancia de que exista la más completa identidad, en cuanto a su importe (es decir, que sea el mismo), entre todas las cláusulas de rescisión del segundo equipo de la Real nos plantea la duda en torno a la verdadera intención de esta entidad cuando fijaba los importes de cada una de ellas», subraya el magistrado.
Y es que, según se especifica en la sentencia, el hecho de que todos los jugadores tengan la misma cláusula parece demostrar que los clubes -en este caso el guipuzcoano- fijan los importes de los blindajes sin tener en cuenta aspectos individuales de cada futbolista como su formación, sueldo, calidad deportiva, proyección futura, etcétera. González de Rivera explica que la inexistencia de una valoración individualizada de los jugadores le impide establecer un análisis «ponderado» del importe y de su función. Además, entiende que la generalización de las cláusulas no indica «que verdaderamente haya existido una negociación bilateral» entre la Real y Zubiaurre, «sino más bien una imposición».
Grandes estrellas
En la misma línea, el juez considera «evidente» que en el momento de la firma del contrato de Zubiaurre «no podía pasar por la cabeza de nadie que un jugador de 22 años, por muy bueno que fuera en la posición natural de lateral derecho que hipotéticamente ocupa en el campo», pudiera pagar una cláusula de 30 millones. Es decir, vuelve a abonar su tesis de que los blindajes de los futbolistas que empiezan su carrera profesional no se estipulan de forma individualizada. «Es notorio que estas cantidades -en alusión al blindaje del futbolista guipuzcoano- sólo se han pagado por las grandes estrellas».
Lo que, según el magistrado, es evidente es que la Real prorrogó el contrato de su futbolista «por si recibía ofertas de otras entidades y de esta forma poder negociar con las mismas el traspaso o, mejor dicho, la 'venta' del jugador desde la posición de fuerza que da una cláusula de rescisión tan elevada».