Ir al cine resulta para algunas personas una tarea más que complicada. Lo que para unos es una forma de ocio, para otros se presenta como una barrera difícil de superar. Con el objetivo de contrarrestar esta dificultad añadida, la Asociación de personas sordas de Bilbao y Vizcaya ha solicitado una serie de medidas a empresas e instituciones que les garanticen «un derecho que es de todos: disfrutar de nuestro tiempo libre como queramos», expresó la responsable de Accesibilidad, Estíbaliz Ramos.
Los primeros pasos del colectivo social, que engloba a más de 4.000 personas, se remontan a 2003. En el mes de junio de este año, la agrupación envió una carta al Circuito Coliseo de Bilbao en la que le instaba a tener en cuenta una serie de factores que mejorasen la accesibilidad de las personas con problemas de audición. Entre las medidas que se reclamaron destacan la instalación de un micrófono en las taquillas de venta de entradas adaptado para las personas que utilizan audífono, la formación del personal en nociones básicas del lenguaje de signos y la colocación de un dispositivo especial de escucha en el interior de las salas. «No sólo no se ha hecho nada, sino que ni siquiera se han puesto en contacto con nosotros», criticó Ramos. Lejos de perder toda esperanza, la asociación ha añadido dos puntos más a su lista de peticiones. Por un lado, solicitan la proyección de un estreno subtitulado a la semana.
El gerente del Circuito Coliseo, Víctor Villanueva, consideró en este sentido que la implantación de los nuevos sistemas, así como de una sesión en versión original de este tipo supondría «una inversión demasiado grande». «Debido al bajón en el número de espectadores que estamos sufriendo estos últimos años, hemos tenido que recortar gastos», justificó.
600 euros por pase
Las empresas distribuidoras de películas cuentan sólo con unas copias determinadas y éstas se suelen proyectar coincidiendo con la fecha de su estreno en ciudades como Madrid y Barcelona. «Resulta complicado que lleguen hasta aquí. Además, sólo un pase puede costarnos entre 300 y 600 euros», declaró Villanueva. Según el gerente de la cadena de cines, la solución «ideal» sería contar con un «traductor simultáneo» del que, por el momento, se carece. «Si la asociación consigue uno, no tendríamos ningún problema en instalarlo», aseguró.
De cara al futuro, el colectivo se ha puesto, asimismo, en contacto con la coordinadora del proyecto de La Alhóndiga, María Ángeles Egaña, para exigir que los nuevos cines que albergará este complejo se construyan adecuados a las necesidades de las personas con dificultades auditivas. «El proyecto está aún en el aire. Lo que hemos hecho es incidir en la idea de que sean adaptados para personas con problemas. Ya sea con un bucle más nítido para aquellos que llevan audífono o, en otros casos, estudiar la subtitulación. Hay voluntad, pero tenemos que mirar todas las posibilidades», adelantó Egaña.