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Martes, 14 de marzo de 2006
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OPINION/Ha nacido una estrella
No es improbable, amable lector, que si usted se encontrase en un crucigrama con una definición que explicara, un suponer: «lo que sirve para unir» y se encontrara un espacio de siete letras, escribiera en él «loctite». Todos debemos parte de nuestro lenguaje a lo que en su día se llamó el realismo sucio y llamamos minipimer a la batidora y loctite al pegamento.

Pero ya no. Desde este fin de semana y gracias a Bernardo Atxaga, que es el Matías Martí de esta colmena, un incansable inventor de palabras que regala a sus conmilitones apenas sacadas del horno, tiernas y calientes como panes, loctite quiere decir Lokarri. El propio Atxaga había impuesto el nombre de Elkarri al invento que capitaneaba el correoso Jonan Fernández y ahora ha obrado el milagro de la transustanciación: la asamblea de liquidación de Elkarri, Movimiento Social por el Diálogo y el Acuerdo, es, al mismo tiempo, la asamblea fundacional de Lokarri, Red Ciudadana para el Acuerdo y la Consulta. Entraron en el Euskalduna siendo Elkarri y salieron como Lokarri. Habrá quien opine que Bernardo Atxaga es hombre poco amante de las variaciones en el uso de los sufijos. Se equivocará. Es cuestión de coherencia y de facilitar el trabajo a los bertsolaris. El único cambio que se observa es la llegada de Paul Ríos, que sustituye como coordinador al gran Jonan, a quien parece haberle llegado la hora de ir de su corazón a los asuntos.

Atxaga llevará la fama, pero es Jonan Fernández quien se ha cardado la lana a lo largo de estos 13 años durante los cuales ha realizado una impresionante renovación terminológica de la política vasca y aún de la española. Si no hubiera sido por Jonan Fernández al «proceso de paz» todavía le estaríamos llamando «negociación», fíjense qué antiguos. Blas de Otero había reivindicado la paz y la palabra. Jonan definió la paz y el proceso. ¿Qué es paz? «Un objetivo prioritario hacia el que hay que avanzar con pragmatismo». El proceso consiste en «sustituir las expresiones de violencia por mecanismos de diálogo» mediante «estrategias de firmeza flexible» que tienen como objetivo superar «la situación de violencia y conflicto que vive Euskal Herria».

El nuevo coordinador apunta maneras: «Lokarri tiene que servir para unir, sin exclusiones y sin vencedores ni vencidos, en el proceso de solución». Lástima que anuncie su producto como una marca de pegamento. Lo que se nos ha roto aquí es la convivencia y recuperarla no es como pegar el asa del botijo. Lokarri nace enmendándole la plana a Max Weber: «Estado y terrorismo integran la comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama (con éxito) para sí el duopolio de la violencia física legítima en proporciones repartibles y negociables». Ni vencedores ni vencidos. Estado de derecho-Banda terrorista, pon una equis.

s.gonzalez@diario-elcorreo.com



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