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Martes, 14 de marzo de 2006
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Rusia envía cuatro forenses a La Haya
Rusia envía cuatro forenses a La Haya
Tres policías abandonan el instituto forense de La Haya. / EFE
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Rusia ha devuelto la moneda al Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia (TPIY) con su decisión de enviar sus propios médicos a La Haya para verificar los resultados de la autopsia practicada al ex dictador serbio Slobodan Milosevic. «No confiaron en nosotros y tenemos ahora derecho a desconfiar también», declaró ayer el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, al anunciar que un grupo de médicos se dispone a partir hacia la ciudad holandesa. Lavrov dijo que estos forenses se proponen «participar en la autopsia o conocer al menos sus resultados».

De esta forma, el Kremlin intenta sacarse la espina que supuso la negativa del Tribunal de La Haya a permitir que Milosevic viajara a Moscú para recibir tratamiento en la clínica del instituto de cirugía cardiovascular Bákulev, en donde fue operado hace diez años el ex presidente ruso Borís Yeltsin. «Rusia ofreció garantías de que Milosevic regresaría a La Haya, pero fueron consideradas insuficientes» por el TPIY, recordó Lavrov ayer con resquemor. Precisamente en el mismo centro fue ingresado el domingo por la noche Borislav Milosevic, hermano de Slobodan, con problemas cardiacos, aunque confía en restablecerse pronto para acudir a los funerales.

Compromiso desoído

El pasado enero, el Ministerio de Exteriores ruso aseguró por escrito al Tribunal de La Haya que cumpliría todas sus condiciones. En particular, según explicó entonces el portavoz de ese ministerio, Mijaíl Kaminin, Rusia se comprometía a no conceder asilo político al antiguo presidente yugoslavo, respetar las condiciones de libertad provisional que le fueran impuestas, impedir que abandonase el centro médico durante el tratamiento y su regreso en cuanto lo ordenase la corte. Al final, el deseo de Milosevic de curarse en la capital rusa, en donde viven desde hace años su esposa, hijo y hermano, no fue satisfecho.

La prensa moscovita relacionó aquel rechazo con la existencia de numerosos simpatizantes de Milosevic dentro de los círculos del poder en Rusia, quienes podrían utilizar su influencia para lograr que el ex dictador recibiese asilo aunque fuera por «razones médicas». Y es que el Kremlin se opuso con todas sus fuerzas a la presión internacional sobre el régimen de Milosevic y a los bombardeos de la OTAN que sirvieron para doblegarle.



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