La presidenta del PP vasco, María San Gil, reiteró ayer su advertencia de que no es un proceso de paz lo que se está gestando en Euskadi sino «de autodeterminación», y apoyó su tesis en la convicción de que el primer paso de ese camino será la redacción de «un nuevo plan Ibarretxe» con la participación de la ilegalizada Batasuna en el que se reconozca a Euskadi «como nación». «Hablamos de la Euskal Herria independiente de los siete territorios por la que ETA lleva treinta años asesinando», sentenció la líder popular durante una conferencia que ofreció en Madrid, invitada por el Fórum Europa.
San Gil aseguró que ése es el motivo por el que el nacionalismo vasco se ha mirado «como en un espejo» en la reforma estatutaria catalana. «Es fundamental que la palabra 'nación' aparezca porque tendremos el instrumento necesario para el paso siguiente: el derecho de autodeterminación» que, según recordó, el lehendakari Ibarretxe ha calificado como «innegociable».
San Gil expuso su teoría de que la cuestión territorial no es sino la otra cara de la moneda de la política antiterrorista y recordó que, en ese escenario, todos los agentes mantienen sus posiciones salvo los socialistas. «Quien ha cambiado es el PSOE», subrayó, al tiempo que acusó al PSE de «jugar a ser nacionalista» por su disposición a participar «en una mesa extraparlamentaria» de negociación «con ETA-Batasuna» y con un «orden del día» marcado por los terroristas.
La presidenta del PP vasco recordó en este sentido el documento hecho público en febrero por el partido de Patxi López «en el que se legitima y se dan por buenas las dos mesas» -la de partidos y la de negociación entre el Gobierno y ETA- para solucionar el conflicto, en alusión a la intención de los socialistas de participar en el foro una vez desaparezca la violencia y con quienes condenen el terrorismo.
San Gil dejó claro que su partido «jamás» se sentará en esa mesa y expuso cuál es, en cambio, su postura. «Queremos la disolución incondicional del terrorismo, que dejen las armas, pidan perdón y pasen a manos de la Justicia», concluyó, no sin aclarar que no se trata de pedir «venganza». Defendió para ello la recuperación del Pacto Antiterrorista, aunque dibujó a un José Luis Rodríguez Zapatero muy alejado de esa vía: le acusó de hacer «regalos» a la banda terrorista sin obtener ni un solo «gesto de buena voluntad» a cambio y de querer «desactivar» los movimientos cívicos por considerarlos «molestos».
También se refirió a la investigación del 11-M y confesó haber creído «durante mucho tiempo» que ETA estaba detrás de los atentados. Convencida de que «con el tiempo» se sabrá si existen o no conexiones entre ETA y el terrorismo islamista, San Gil subrayó que en cualquier caso «no hay terrorismos distintos, al final todos abrevan en el mismo sitio, me da igual que tengan txapela o turbante».