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Martes, 14 de marzo de 2006
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La imprudencia de conductores y peatones cuestiona los semáforos de Zumalacárregui
La Policía investiga si la última víctima cruzaba en rojo y si el conductor excedía la velocidad
La imprudencia de conductores y peatones cuestiona los semáforos de Zumalacárregui
ZONA donde se produjo el último accidente mortal. / M. BARTOLOMÉ
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Los casi dos kilómetros que recorren la avenida de Zumalacárregui siguen siendo una trampa mortal para conductores y peatones, pese a que hace dos años y medio, en noviembre de 2003, se instalaron siete grupos semafóricos en este tramo caliente, precisamente para reducir la elevada siniestralidad, especialmente los atropellos. Sólo en 2005 se registraron en la vía urbana siete arrollamientos, uno de ellos mortal. La Gran Vía registra más atropellos (11) que Zumalacárregui, pero de menor gravedad, y la causa principal suele ser la irrupción del peatón en la calzada, según señalan las estadísticas de la Policía Municipal. Si se añaden las colisiones, la cifra se eleva hasta las ocho víctimas mortales en los últimos años entre el puente de La Salve y el Parque Móvil.

La última, Pedro Manuel H., de 53 años, vecino del barrio y padre de dos hijos de 16 y 24 años, se dejó la vida en este punto negro el domingo por la tarde cuando atravesaba el paso de cebra regulado por semáforos a la altura del cruce de Zabalbide, en los carriles dirección hacia Galdakao. En ese punto existe un paso subterráneo, pero su uso es casi residual.

A falta de la conclusión del atestado que elabora la Policía Municipal de Bilbao, algunos testigos apuntan a que en el momento del accidente, las siete y media de la tarde, el disco estaba en rojo para los peatones. Según las primeras indagaciones policiales, el vehículo que circulaba por el carril derecho vio al hombre y redujo la velocidad. No así, el joven de 23 años que conducía el 'Ford Scort', que acababa de asistir a un partido de fútbol en el campo de Mallona. Iba por la izquierda, el coche que le precedía le impedía la visibilidad y terminó arrollando al viandante. Los agentes de la Unidad de Atestados de la guardia urbana no encontraron huellas de frenada en la calzada.

«Tráfico vivo»

El peso de la víctima y los 25 metros de distancia a los que salió despedida servirán a los agentes para calcular la velocidad, aunque los primeros indicios señalaban que podría superar los 50 kilómetros de límite en travesía urbana.

Las imprudencias tanto por parte de los automovilistas como de los peatones cuestionan la efectividad de medidas como los semáforos. La Diputación, a instancias del Ayuntamiento y tras escuchar las quejas de los vecinos, colocó uno cada 200 metros, además de pasos de cebra, señales y semáforos intermitentes, pero tal despliegue de seguridad vial, sin embargo, no ha podido evitar que sigan registrándose muertes.

Dentro de aproximadamente un mes comienzan las obras que transformarán a la avenida en un bulevar, con un carril más amplio por cada sentido y sin mediana, según informó un portavoz foral. Supondrá el desmantelamiento del vial con «tráfico vivo» y traerá consigo un fuerte impacto en la circulación. La primera consecuencia de las obras, que durarán entre diez y catorce meses, obligará a los conductores a respetar los límites de velocidad.

Una prueba del nuevo radar móvil de la Policía local bilbaína el pasado noviembre reveló que la mitad de los conductores no respetaba la velocidad. En el tramo de Zumalacárregui y Maurice Ravel, uno de los accesos más frecuentados, el porcentaje se elevaba hasta un 80% de infractores. Hace unas semanas se cazó a un 'fitipaldi' que 'volaba' por el centro de la ciudad de noche a 150 kilómetros por hora.



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