Este pasado domingo Telecinco emitió el capítulo 200 de la serie '7 vidas' y lo hizo revolucionando los métodos. Habían dispuesto un gran plató con una grada que permitía al público verlo en directo, de modo que la entrega tenía más que ver con el teatro que con una producción al uso. Entre el auditorio y los escenarios había toda una batería de cámaras para cumplir con la audiencia y la emisión.
Las condiciones de una representación teatral son distintas. En la tele se puede fracasar en una escena o una toma, pero para que la difusión sea en directo, se debe contar con un plantel de actores que interpreten de un tirón, sin meter la pata o que, en caso de que lo hagan, tengan tablas para resolver el problema. Y la plantilla de '7 vidas' cumple esos requisitos.
Y pudieron demostrarlo. El capítulo de celebración se fundamentaba en el hecho de que Sole -Amparo Baró- debía abandonar su casa, embargada por un problema de dinero. Ante lo que sus compañeros y vecinos improvisan una fiesta de despedida. Hubo un momento en el Gonzalo y Aída se enzarzan en una conversación tan demencial que les entró la risa. No podían seguir, se estaban mondando. Eso, en un capítulo normal, habría provocado la repetición de la toma. Pero el domingo tenían que seguir. Bueno, como pudieron, recompusieron la figura y retomaron el guión. Un pequeño error de esas características, lejos de ser un desastre, se convierte en un nuevo motivo de risa, porque la audiencia se queda adherida a la pantalla, comprendiendo a las personas y esperando ver cómo salen del engorro.
En este capítulo 200 aparecieron, aunque fugazmente, muchos de los actores que participaron en ediciones anteriores, como Javier Cámara y Paz Vega, por ejemplo. Y se dejaba notar una gran camaradería, buen rollito. Debe de ser todo un placer trabajar en un proyecto en que el personal se divierte tanto.
Porque el gran valor de '7 vidas' es que sigue manteniendo la frescura y causticidad de los primeros capítulos. Los guiones son excelentes, desternillantes. No dejan títere con cabeza, son iconoclastas.