Cada vez que voy a la panadería me encuentro con el cartel de la campaña que el Gobierno vasco promovió a favor del pequeño comercio. Y el cartel tiene razón, el comercio juega un papel importante en la vida de los pueblos y ciudades, y trasladar esta idea a la sociedad está bien. Pero el comercio no es el único factor para mantener vivos los pueblos. También se necesitan otros como, por ejemplo, la escuela. Sin embargo, el Departamento de Educación, al menos en Vizcaya, no apuesta de forma clara a favor de las escuelas de los pueblos pequeños. En lugar de promocionarlas y ayudarlas, les pone trabas y obstáculos. Sí que reconoce que en los últimos años este tipo de escuelas se están fortaleciendo, de forma que la tendencia negativa que existía está cambiando. Pero ante este cambio, promovido fundamentalmente por ayuntamientos y padres y madres, muestra grandes dudas en lugar de tener una actitud de apoyo efectiva. Por poner un ejemplo, tres pueblos de Vizcaya han solicitado la apertura de la escuela o la ampliación de los ciclos que se imparten en la actualidad. Ninguna de estas solicitudes ha tenido aún una respuesta positiva. Cada vez viene más gente a vivir a nuestros pueblos, con los riesgos y oportunidades que esto conlleva -riesgo de descohesionarlos, de convertirlos en pueblos dormitorio-. La escuela juega un papel fundamental en la integración de la nuevas familias ayudando a la superación de estos riesgos. Si el Gobierno vasco quiere que los pueblos sigan vivos, tendrá que trabajar por lograr ese objetivo. Está muy bien organizar campañas promocionando el pequeño comercio, pero no es suficiente.