El engaño tiene dos aristas: la que afecta a quién lo infiere y la que lastima a quien lo descubre. En la televisión las cosas empeoran porque la trampa a veces no puede llevarse a cabo sin la complicidad de quienes gobiernan la cosa: el director del programa, el productor, el realizador, los presentadores Se enteran también los de sonido y los cámaras y, puede que hasta público presente en el plató, como sucede en 'Sábado noche', de TVE.
Lo de la entrega de este fin de semana fue una vergüenza. Estaba invitada Paloma San Basilio, que tenía previsto interpretar 'No llores por mi Argentina'. La de veces que pudieron decir los presentadores, Nani Gaitán y Josema Yuste, que era todo un lujazo porque hacía años que no la cantaba; insistió en ello la propia San Basilio; y por si fuera poco, otro presentador que entretenía a la audiencia regalando euros a cambio de nada.
Aquello iba a ser histórico y, cuando se puso a cantar, resultó que lo hizo en 'playback'. Terrible, porque se notaba a kilómetros de distancia. Los labios no le acompañaban. Trató de disimularlo, aferrándose al micrófono para ocultar los movimientos de la boca y que no se apreciara, pero fue inútil.
Hay un momento, hacia el final de la canción, en que la música se impone y resulta muy difícil saber cuándo la voz se arranca para poder seguirla. San Basilio se había molestado en preparar un truquillo: juntó las manos ante el micrófono, como lo haría una nadadora antes de tirarse de cabeza, y se esforzó en que aquello pasara desapercibido. Imposible. Era evidente que estaba haciendo trampas.
Para más inri, concluida la canción, quiso hacer creer a la audiencia que estaba profundamente emocionada. Creo que hasta se enjugo alguna lágrima. Lo que hay que aguantar. Y le pagaron por eso, por hacer de dobladora de sí misma. Y hacerlo mal, además.
¿Qué necesidad tenían de elegir ese tema? Fue tan burdo todo que la audiencia pudo llegar a pensar que como cantante está acabada, y vive de lo que un día fue, o de lo que un día interpretó y hoy no puede.