A punto de cumplirse tres décadas de vida constitucional -la actual Constitución portuguesa fue aprobada algo más de dos años antes que la nuestra, en abril de 1976- Portugal estrena nuevo presidente de la República; el cuarto desde el restablecimiento de la democracia constitucional en el país vecino, tras la revolución de los claveles. Durante estas tres últimas décadas, tres han sido también los presidentes -uno cada década- que se han sucedido al frente de la jefatura del Estado luso: Ramallo Eanes (1976-86), Mario Soares (1986-96) y el actualmente saliente Jorge Sampaio (1996-2006), prolongando todos ellos su mandato presidencial durante dos periodos (de cinco años cada uno). El nuevo presidente electo, Anibal Cavaco Silva, antiguo jefe de gobierno durante una década (1985-1995), accede ahora a la presidencia de la República tras su clara victoria por mayoría absoluta, sin necesidad de esperar la segunda vuelta, en las recientes elecciones presidenciales del pasado 22 de enero.
Desde la implantación del actual régimen constitucional, Portugal ha seguido una evolución política peculiar, cuya primera manifestación, en el mismo momento de su nacimiento, fue la acusada singularidad de su modelo constitucional (sobre todo en su versión originaria de 1976), producto de la excepcional coyuntura político-militar de la revolución de los claveles. A pesar del proceso de homologación constitucional experimentado por la República portuguesa desde entonces, a través de las sucesivas revisiones constitucionales realizadas -siete hasta la fecha, algunas de ellas muy importantes- el sistema político portugués presenta rasgos distintivos propios que conviene tener en cuenta para poder comprender adecuadamente la evolución del proceso político en el país vecino; en particular, en el caso que nos ocupa, en lo referente al presidente de la República.
En líneas generales, puede afirmarse que la presidencia de la República ha experimentado una importante evolución, desde su configuración inicial de acuerdo con el esquema propio de un modelo semipresidencialista, aunque de marcado signo presidencialista y con características muy peculiares derivadas del fuerte protagonismo del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) en el proceso constituyente (1975-76), a una progresiva parlamentarización que ha afectado al conjunto del sistema institucional y, en particular, a la propia presidencia de la República. Proceso de parlamentarización institucional que se ha consolidado durante la última década, bajo el mandato del presidente saliente, J. Sampaio; pero sin que ello haya supuesto la desaparición de los elementos característicos del originario modelo semipresidencial, que otorga al presidente un importante protagonismo político.
Las elecciones del pasado 22 de enero son las séptimas presidenciales que tienen lugar en Portugal en estas tres últimas décadas. En esta ocasión, la contundente victoria por mayoría absoluta del candidato del centro-derecha portugués, A. Cavaco Silva, resulta tanto más destacable si se tiene en cuenta que tan sólo once meses antes su rival (PSP), que ahora ha resultado severamente derrotado, había conseguido obtener, a su vez, la mayoría absoluta en las elecciones a la Asamblea de la República (febrero 2005). No suele ser nada frecuente que, en un espacio de tiempo tan breve, se produzcan cambios tan acusados en el comportamiento del electorado como para que éste respalde mayorías absolutas de signo opuesto.
Sin entrar en estas breves líneas en las causas que han originado este importante cambio en el comportamiento político de la ciudadanía, que son complejas y no admiten explicaciones simples, conectando en lo fundamental con la agudización, particularmente en los últimos años, de la situación de crisis económica y social que sufre Portugal, sí es preciso constatar el cambio en el escenario político que se produce a partir de ahora. En este sentido, el acceso a la presidencia de la República, por primera vez, del centro-derecha portugués a través de la persona que bien puede ser considerada como su representante político más cualificado en estas tres últimas décadas constituye la principal novedad tras las elecciones presidenciales.
Ello va a comportar, al menos durante el próximo trienio hasta las próximas elecciones legislativas, una nueva experiencia de cohabitación; en esta ocasión de signo inverso a la que se había venido dando hasta el momento: primero con Soares (el mayor derrotado en las últimas elecciones presidenciales) en la presidencia de la República y el propio Cavaco Silva en la jefatura del Gobierno (1986-1995); y, más recientemente, con el presidente saliente, Sampaio, y el actual presidente de la Comisión europea, Durao Barroso, como jefe de Gobierno (hasta 2004). Pero más significativo políticamente que la inversión del signo de la cohabitación resulta el hecho de que ambos cohabitantes a partir de ahora -José Sócrates en la jefatura del Gobierno y Cavaco Silva en la presidencia de la República- se encuentren respaldados por sendas mayorías absolutas obtenidas recientemente en las últimas elecciones parlamentarias y presidenciales, lo que puede dificultar la cohabitación.
Hay que tener en cuenta, además, que como corresponde a un sistema que sigue conservando elementos de semipresidencialismo, el presidente de la República tiene, entre sus atribuciones, la de disolver la Asamblea y convocar nuevas elecciones. Si bien el presidente ha anunciado que, de momento, no piensa utilizar este recurso, nada le impide hacerlo más adelante, bien porque encuentre dificultades para cohabitar o bien porque, simplemente, aprecie un desgaste en el Gobierno que hace aconsejable su sustitución, mediante la convocatoria de las oportunas elecciones en una coyuntura favorable, por otro más afín a sus posiciones; posibilidad que el presidente tiene abierta a lo largo de todo el mandato presidencial que acaba de comenzar. Hay que recordar que este mismo recurso fue utilizado por el presidente saliente, Sampaio, hace un año, disolviendo la Asamblea y forzando anticipadamente (febrero 2005) unas elecciones que permitieron cambiar el signo de la mayoría parlamentaria y del Gobierno (el actual del PSP), más afín a sus posiciones.
No es previsible, de todas formas, que más allá de las lógicas disputas entre partidos que compiten entre sí por el control de las principales instituciones del Estado la nueva cohabitación presidencial-gubernamental (Cavaco-Socrates) vaya a tener grandes problemas por motivos ideológicos. Conviene tener presente, a este respecto, que ambos cohabitantes han declarado recientemente coincidir en sus simpatías por el 'new labour' de Tony Blair. En cualquier caso, los serios problemas que tiene planteados Portugal en el momento presente, agravados en el último lustro, obligan a todas las fuerzas políticas y sociales del país vecino a ir más allá de la mera cohabitación institucional, para hacer posibles los necesarios acuerdos que permitan hacer frente a la grave crisis por la que atraviesa la sociedad portuguesa. Cerrado con las presidenciales (enero 2006) un ciclo electoral completo que ha cubierto todo el último año (elecciones municipales en octubre 2005; legislativas en febrero 2005, a las que habría que añadir también las europeas en junio 2004), se abre a partir de ahora un nuevo periodo, de al menos un trienio de duración, en el que la ausencia de confrontaciones electorales proporciona condiciones más favorables para la consecución de los referidos acuerdos. En este marco, la recién estrenada cohabitación también podría contribuir a ello.