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Jueves, 16 de marzo de 2006
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Mentir
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Como muchos estereotipos infundados pero muy extendidos a propósito de los mentirosos, el hecho de que el que está mintiendo desvíe la mirada y no mire a los ojos, no significa nada. Es falso que se pille antes a un mentiroso que a un cojo. Hay demasiados genios en el arte de reincidir mintiendo y de ser cierta esa facilidad en detectar a un mentiroso el mundo no estaría a rebosar de engañados a los que otros mintieron con virtuosismo. Un mentiroso no rehuye ir de frente, no se toca la nariz nervioso, tampoco habla más claro ni cuida más el tono que el resto. Sí parece que tienen los mentirosos cierta tendencia a mover menos los brazos, manos y dedos. Contienen el gesto, no parpadean en exceso y una prueba delatora puede ser asimismo el hablar un tanto crispados o marcar a menudo pausas en sus discursos; Corneille sostenía que el mentiroso es un personaje pródigo en juramentos.

Descartando los que mienten mal, en general los buenos mentirosos no cometen errores hablando y es raro que retrocedan para corregir un detalle de lo que han dicho. Pero estos signos no son comunes a todos los embusteros y por regla general resultan muy difíciles de detectar; así que descubrir señales inequívocas de la mentira es una ingente labor en la que los expertos en sicología llevan aplicándose con denuedo como lo demuestran centenares de estudios realizados en laboratorio donde es necesario incitar al puro mentir para hallar los resortes que ayuden después a detectarlo, pero todo el mundo sabe que es fácil darle al embuste cuando no se arriesga nada; por tanto el experimento es un mentir de 'mentirijillas'.

De ese modo queda invalidada la fórmula de desenmascaramiento. Aunque los investigadores han encontrado que existen personas con un olfato especial para captar las mentiras y que pueden descubrirlas hasta en el 80% de los casos, la verdad es que los expertos siguen intentando comprender el porqué de la capacidad de que gozan esos sagaces detectores. Cuando lo logren y sea posible cazar a los políticos mendaces y similares especimenes, ¿cómo viviremos sin mentiras piadosas y qué será de la multitud que prefiere el díme que me quieres aunque sea mentira?



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