 LUCHA. Juanma y Duscher pelean por un balón con el capitán del Espanyol Tamudo. / EFE |
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| DEPORTIVO 0 - ESPANYOL 0 |
Deportivo: Molina; Héctor, Coloccini, Juanma (De Guzmán; m.90), Capdevila; Víctor, Sergio, Duscher, Romero (Tristán; m.59); Munitis y Arizmendi (Xisco; m.77).
Espanyol: Kameni; Zabaleta, Lopo, Pochettino, Jarque, Domi; Costa, Iván de la Peña (Juanfran; m.90), Fredson; Luis García (Ito; m.78) y Tamudo (Pandiani; m.65).
Árbitro: Undiano Mallenco (Colegio navarro). Mostró tarjeta amarilla a Víctor (m.28), Duscher (m.32) y Sergio (m.59) por parte del Deportivo; y a Lopo (m.31) y Zabaleta (m.86) por parte del Espanyol.
Incidencias: 28.000 espectadores presenciaron el partido en directo en el estadio de Riazor. |
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El Espanyol se clasificó para la final de la Copa del Rey en un encuentro en el que aguantó los desordenados ataques del conjunto gallego. El Deportivo salió como Joaquín Caparrós quería. El entrenador utrerano había pedido que su equipo no se volviera loco en la búsqueda del gol clasificatorio. Había que ir poco a poco, porque el partido era muy largo. Sus hombres captaron el mensaje y buscaron el ritmo adecuado para perforar la portería del inseguro Kameni. Pero se encontraron con dos factores que encasquillaron la maquinaria deportivista. El primero, la actitud del Espanyol.
El equipo de Lotina no salió a encerrarse y aguantar el resultado conseguido en Montjuic, sino a plantarse en el centro del campo y soportar ahí las embestidas de los gallegos. Entonces, como una consecuencia del anterior, surgió el segundo problema del Deportivo: no sabe atacar en estático porque no tiene quién dirija las operaciones. La lesión de Valerón ha cortado el suministro a los delanteros, que no reciben el balón; y los defensas no saben cómo sacar la pelota jugada desde las posiciones más retrasadas porque ni Duscher ni Sergio son creadores. Su función principal es la destrucción del juego rival. La única opción era el balón largo pero, al tercer intento, la defensa espanyolista ya se sabía los recursos del 'Dépor'.
Ausencia de Tristán
Y si, además, se incluye la ausencia de Tristán desde el inicio del partido, la ineficacia de los deportivistas se hizo todavía más patente. Mientras, el Espanyol continuaba a lo suyo. Bien plantado sobre el terreno de juego, no desperdiciaba la posesión del balón. Quería retenerlo como si se tratase de un preciado tesoro. Por eso, se lo daba a De la Peña, quien se encargaba de distribuir a sus compañeros. Así, una triangulación con Luis García y Tamudo fue la ocasión más peligrosa que se registró en los noventa minutos de juego. Molina desbarató el tiro del capitán espanyolista.
Visto que el fútbol elaborado no funcionaba, Caparrós abogó por la carga directa. Dos hombres altos (Tristán y Xisco, sustituto de Arizmendi) eran los encargados de recibir todos los balones que sus compañeros colgaban desde el centro del campo o desde la izquierda, sobre todo por parte de Munitis. Lotina contestó a la pizarra de su homólogo sacando más hombres para poblar la defensa. Y así, entre balonazos y con menos tensión de la esperada, el Espanyol se clasificó para la final de la Copa del Rey.