El Correo Digital
Jueves, 16 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Fronteras desbordadas
La avalancha de inmigrantes irregulares que con el comienzo del buen tiempo están llegando a las costas canarias ha rebatido los datos optimistas de 2005 y confirmado, con la prueba trágica de los hechos, que el fenómeno no se había amortiguado, sino que había mutado para sortear las barreras continentales. La gravedad de la sitación ha provocado que el Ejecutivo autonómico anuncie la constitución de un gabinete de crisis, ante unas infraestructuras desbordadas, y que el Gobierno envíe urgentemente a Mauritania a los secretarios de Estado de Asuntos Exteriores y de Interior, a los que acompañará un alto responsable designado desde Bruselas. Si hace una semana era una patera -ahora cayucos- con más de 40 inmigrantes la que permanecía a la deriva y se hablaba entonces de medio centenar de muertos sólo a finales de febrero, ayer mismo veinticuatro cadáveres eran recuperados de las aguas internacionales entre Canarias y Mauritania. De hecho, en los últimos cuatro días cerca de 800 personas han llegado a las costas de las Islas y desde Cruz Roja se advierte de un preocupante aumento de la población habitual de Mauritania de casi 15.000 personas, cuando aún no ha terminado el invierno.

Con ser preocupante, la gravedad máxima del problema no reside en la tensión inmigratoria desde zonas del continente africano donde la tragedia humanitaria expulsa a quienes tienen algo de fuerza y dinero para emprender el viaje, sino en que la decisión de dejar sus hogares suponga un alto riesgo para sus vidas. En los últimos años, y con la entrada en escena de las mafias de traficantes de seres humanos, estos movimientos se han ido tiñendo con la sangre propiciada por quienes han tejido un impresionante negocio a costa de la absoluta necesidad de sus congéneres. La evolución de la inmigración clandestina obliga a las autoridades comunitarias a replantear toda la actual estrategia de gestión de flujos migratorios. Cada día es más evidente que intentar trasladar la responsabilidad a los países del Norte del Magreb no es la soluión. Puede que en las últimas semanas Marruecos haya presionado un poco más de lo habitual a los inmigrantes que trataban de usar su territorio como plataforma de entrada, pero el resultado final es que siguen atravesando el reino alauí y las mafias se limitan a desplazar sus 'plataformas de despegue' hacia otros lugares de la costa o, como se ve estos días, hacia países como Mauritania. Cuanto mayor es la ayuda de la UE a las naciones norteafricanas para bloquear estas oleadas de inmigrantes, más complicado y peligroso se hace el viaje para ellos y más muertos se producen. La desesperación no entiende de riesgos y la paradoja de que las economías europeas necesitan a esas personas hace insoportable pensar que no se ataje de una vez por todas su regulación en origen. Sin ello, de poco van a servir las patrulleras que les ofrecerán los secretarios de Estado a las autoridades mauritanas.



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