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Jueves, 16 de marzo de 2006
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Cordón umbilical
Rusia, que siempre ha acogido a los familiares prófugos de antiguo líder serbio, vuelve a salir en su defensa y exige una investigación internacional sobre su muerte
Cordón umbilical
Una mujer, con un retrato de Milosevic, llora con desconsuelo. / REUTERS
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Confusas y contradictorias eran las noticias que circulaban ayer en Moscú en relación con la supuesta intención de Mirjana Markovic de viajar a Serbia para asistir, en compañía de su hijo Marko, al entierro de su marido el sábado en Pozarevac. El hecho de que Marko Milosevic regresara ayer a Moscú procedente de La Haya, en lugar de dirigirse a Belgrado con los restos mortales de su padre, indica que él y su madre no han tomado aún una decisión definitiva. Al llegar a la capital rusa, el hijo del ex dictador rechazó hacer ningún comentario.

Mirjana Markovic está acusada por la Justicia de su país de adjudicar arbitrariamente viviendas de protección oficial. Marko tiene también cuentas pendientes en Serbia por agresiones y por un turbio asunto relacionado con contrabando de petróleo. En unas recientes declaraciones hechas desde la capital rusa al diario serbio 'Vecernje Novosti', Markovic dijo que no se trasladaría a Serbia sin garantías de seguridad suficientes.

Un tribunal de Belgrado suspendió el martes la orden de arresto contra ella, pero dispuso que su pasaporte le sea incautado en cuanto ponga los pies en el país. El ministro serbio del Interior, Dragan Jocic, sin embargo, ha negado que la Policía tenga órdenes de retirar el documento a la viuda del ex presidente yugoslavo. En cualquier caso, el diputado ruso Serguéi Baburin, próximo a la familia Milosevic, aseguró ayer de forma taxativa que Markovic no acudirá al entierro de su marido.

«Doble rasero»

Marko Milosevic huyó de Serbia inmediatamente después de la caída del régimen de su padre. El 6 de octubre de 2000, el hijo del depuesto presidente tomó un vuelo de la compañía JAT con destino a Moscú. Marko viajaba en compañía de su esposa y de su hijo, que ahora tiene ocho años. Según distintas informaciones, intentó sin éxito desplazarse a Pekín con un pasaporte diplomático que las autoridades chinas no reconocieron. El rastro de Marko se perdió entonces y se supo, pocos meses después, que estaba en la localidad siberiana de Tiumén, en donde una empresa serbia procedente de Pozarevac construía una fábrica.

Su madre llegó a Moscú en febrero de 2003, justo cuando se iniciaron las diligencias en su contra por malversación de fondos. En la capital rusa vivía desde hace tiempo Borislav Milosevic, hermano mayor de Slobodan, y parece que fue en un piso de su propiedad donde se alojaron Markovic y la familia de su hijo. Borislav Milosevic fue embajador de Yugoslavia en Rusia entre los años 1998 y 2001. Tras ser destituido, decidió quedarse a vivir en Moscú. Ahora se encuentra convaleciente de una afección cardiaca que le llevó al hospital el pasado domingo, pero ha reiterado en varias ocasiones tener intención de ir a los funerales de su hermano.

Mientras tanto, la Duma -Cámara baja del Parlamento ruso- aprobó ayer una declaración exigiendo la disolución del Tribunal Penal Internacional para la Antigua Yugoslavia, al que responsabiliza de la muerte del ex presidente serbio y acusa de «estar politizado» y de emplear el «doble rasero» en sus decisiones. Los legisladores rusos piden, además, una investigación para depurar posibles responsabilidades por negligencia del TPIY.



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