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Jueves, 16 de marzo de 2006
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Se rompe el 'encanto Berlusconi'
Italia vio en el debate televisado cómo 'Il Cavaliere' fallaba por primera vez en su terreno: Prodi ganó el pulso, según los sondeos, y sus propios aliados no ocultan las críticas
Se rompe el 'encanto Berlusconi'
FRACASO. Un camarero sirve platos de comida en un bar mientras Berlusconi aparece en el debate televisivo con Prodi. / REUTERS
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El primer debate electoral entre el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el líder del centro-izquierda, Romano Prodi, ofreció la noche del martes una imagen sorprendente: por primera vez en una década larga, el incombustible magnate pareció vulnerable y desprovisto de sus encantos. Es decir, pareció que puede perder. En realidad fueron dos sorpresas, porque su adversario se mostró mucho más brillante que la fama de grisura que le precede. Como resumen, se puede decir que Berlusconi estuvo peor de lo normal y Prodi mejor de lo habitual. No es poco si se piensa que el debate fue para millones de italianos el primer contacto con las elecciones, con ese mundo lejano y dejado por imposible que es para la mayoría la política nacional.

Un tercio de los italianos están indecisos ante las elecciones del 9 y 10 de abril, según una encuesta del 'Corriere della Sera', y ayer siguieron el debate 16 millones de espectadores, un 52% de la audiencia. Alguien que se asomara de nuevo a la política después de unos años de indiferencia seguramente debió revisar sus estereotipos mentales. Berlusconi, nervioso, no dio pie con bola y no fue la sombra de lo que era, y Prodi hasta parecía interesante. El resultado lo reflejaban ayer todos los sondeos: Prodi fue el vencedor del debate. Habrá otro cara a cara el 3 de abril, una semana antes del voto. Será el último test para intuir si el inclasificable fenómeno político del primer ministro tocará a su fin o continuará cinco años más.

Pero esta sensible y novedosa grieta que se ha abierto en la percepción colectiva fue a más ayer. Se suele acusar a la Unión, la numerosa coalición de centro-izquierda, de ser una jaula de grillos que se descompondrá a la primera de cambio. Sin embargo ayer, mientras en la oposición se respiraba optimismo, fueron los socios de 'Il Cavaliere' quienes se dedicaron a cuestionar a su teórico líder. «Berlusconi ha dado la impresión de creer que todo va bien y eso es un exceso, porque muchos indecisos saben que Italia tiene problemas», dijo Gianfranco Fini, vicepresidente del Gobierno y líder de Alianza Nacional, segunda fuerza del centro-derecha. El tercer jefe de la coalición, el democristiano Pierferdinando Casini, definió el debate como «una ocasión perdida, sólo se ha hablado del pasado». Berlusconi no habló del futuro en ningún momento. No hubo rastro de su arrolladora fuerza publicitaria, de lemas e imágenes simples, ni de su optimismo irresistible.

Reglas decisivas

Fue incluso un ministro, Gianni Alemanno, quien dio una de las claves del debate: «Hasta las cosas verdaderas que decía Berlusconi parecían mentira». Ésa fue la gran revelación de la noche, el magnetismo de 'Il Cavaliere' parecía haberse evaporado, porque uno de sus rasgos más desarmantes es precisamente su capacidad de decir mentiras como una casa con absoluta convicción. En teoría, debería haberse comido vivo a Prodi con sus frases ocurrentes. En general, con Berlusconi uno se ríe aunque le caiga mal, y con Prodi, uno se aburre aunque le caiga bien. El martes no, Berlusconi no hizo gracia. Sin público, sin aplausos, sin 'show', marcado por el cronómetro y sin poder replicar a su rival se vio como un escolar en un examen. El propio debate fue una escenificación de la principal acusación de Prodi: Berlusconi no sabe jugar con reglas.

Frente a la compostura de su contrincante, el magnate disparó excusas peregrinas para salir del paso. Al menos hubo tres de libro. No ha podido aumentar el número de mujeres en la política porque «no es fácil encontrar a una dispuesta a dejar el marido y los niños para ir a Roma». La culpa de las colas de inmigrantes de estos días para regularizar su situación es de los empresarios, porque no usan Internet. Y tres: su conflicto de intereses no existe. Ha salido cuatro veces del Consejo de Ministros cuando iba a votar asuntos relacionados con sus negocios.



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