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Jueves, 16 de marzo de 2006
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La oposición brasileña designa por sorpresa a su candidato a las presidenciales de octubre
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Primera incógnita desvelada en Brasil. El principal partido de oposición al gobierno de Luis Inacio Lula da Silva ya tiene candidato para las presidenciales del 1 de octubre. Se trata del gobernador del estado de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, que se postulará en nombre del Partido por la Social Democracia Brasileña (PSDB). Ahora falta que se despeje el otro gran misterio: si Lula se postulará a la reelección.

De manera sorpresiva, la cúpula del PSDB eligió a Alckmin, su candidato más débil. Las encuestas señalaban que el dirigente opositor con mejores posibilidades para competir con Lula era el alcalde de la ciudad de Sao Paulo, José Serra, que fue su rival en las presidenciales de 2002. Pero el partido optó por Alckmin, un médico eficiente en su gestión pero con poco carisma y casi desconocido fuera del estado.

Según el sondeo difundido en febrero por la consultora Datafolha, si las elecciones fueran hoy el 39% votaría a Lula, el 31% a Serra y sólo el 7% lo haría por Alckmin. En caso de segunda vuelta, la brecha entre Lula y la oposición crece cuando el contrincante es Alckmin.

Esperar a 2011

Serra se había negado a postularse si no tenía unánime respaldo del partido. El alcalde de Sao Paulo está al frente de la ciudad más importante y rica de Brasil, y quizás especula con esperar que termine un segundo mandato de Lula para volver a la carga con más certeza de triunfo en 2011. En cambio, Alckmin insistía con su postulación y estaba decidido a competir en comicios internos con Serra, una alternativa que el dirigente municipal rechazaba de plano.

Al ser ungido como candidato único, Alckmin marcó algunos ejes de campaña: «Brasil no aguanta más esta ola de corrupción que asoló nuestro país, un país sin proyecto, con crecimiento raquítico». De esa manera, el postulante apuntó contra las dos áreas más vulnerables que deja la gestión de Lula. Por un lado, las denuncias de corrupción contra el gobernante Partido de los Trabajadores, y por el otro, un crecimiento económico débil que no termina de despegar.



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