El Correo Digital
Viernes, 17 de marzo de 2006
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OPINIÓN
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Sin agenda exterior
Zapatero lleva más de cien días sin salir de España. Detrás de esta extraña decisión no sabemos si está su voluntad de atender los numerosos frentes que ha abierto en política nacional o su desinterés hacia los asuntos internacionales. Sean cuales sean sus razones para el parón, el contraste con sus antecesores en el cargo es muy llamativo. Hasta ahora todos los presidentes de gobierno de nuestra democracia habían hecho un doble esfuerzo en lo que se refiere a los asuntos de política exterior, que se podría resumir en viajar y aprender. Suarez, Calvo-Sotelo, González y Aznar dedicaron buena parte de su tiempo a dirigir esta política, que de modo inevitable exige numerosos desplazamientos, encuentros y cumbres, sacrificando la comodidad personal y la vida de familia. En un cálculo aproximado, cualquier jefe de gobierno europeo fácilmente pasa de media setenta días al año fuera de su país ocupado en estas tareas. Cada vez más la estrategia de la política exterior se gestiona desde las oficinas de los primeros ministros. La categoría 'exterior' ha perdido los contornos netos que tenía en la diplomacia clásica, basada en las relaciones entre Estados, y poco a poco abarca numerosos asuntos y actores que antes se consideraban domésticos. Con la globalización es evidente que muchas de las decisiones más importantes para la buena marcha de un país se toman fuera de sus fronteras. Por eso es fundamental que un presidente del gobierno, de la ideología que sea, viaje, esté presente en los foros internacionales principales y dedique mucho tiempo a forjar alianzas, conocer a sus colegas e incluso cultivar algunas amistades, impulsar iniciativas y saber de primera mano lo que pasa fuera de sus limites nacionales. Si además habla idiomas todo esto se facilita, pero este rasgo tan básico en cualquier líder que quiera contar en la escena internacional parece que no va con los políticos españoles.

La otra tarea de todo presidente recién llegado al poder es ponerse al día y aprender sobre política exterior, sobre todo si no ha tenido una gran experiencia internacional previa. Existe una clara curva de aprendizaje de cualquier presidente en estos temas especializados y que no forman parte de los debates diarios de los partidos políticos o de los temas de contienda electoral, con la conocida excepción de la guerra de Irak. Por eso una vez transitada la primera parte de la legislatura, como ocurre con Zapatero en estas fechas, se suele notar que un jefe de gobierno ha invertido muchas horas, ha aprendido de las reuniones y los viajes y ha adquirido experiencia y seguridad en sí mismo. En España incluso tenemos ejemplos de al menos dos presidentes volcados en la política exterior al cabo de unos años de mandato y con una proyección internacional relevante después de dejar el cargo. El caso de Zapatero, me temo, es la excepción que confirma esta regla. Los resultados son claros: en esta legislatura España es más irrelevante que nunca en Europa y es muy difícil encontrar el hilo conductor de la política exterior española, basada en emociones y no pocos gestos sin contenido.

La apuesta del Gobierno Zapatero por seguir a Francia en la Unión ha salido muy mal y todavía puede causarnos más daño si persistimos en imitar el proteccionismo francés frente a a la Comisión y nos enemistamos con Alemania. El acercamiento a Castro, Chávez y Morales en Latinoamérica es otro error de principiante, agravado por el hecho de que la relación con EE UU está bajo mínimos y sin perspectivas de mejorar. La iniciativa exterior más importante del Gobierno Zapatero es la Alianza de Civilizaciones, un concepto utópico e inaprehensible que nadie asegura que sirva para afrontar con éxito los peligros ciertos del terrorismo internacional o la proliferación nuclear. Como mucho, debería complementar una alianza de Estados basada en los derechos humanos universales, la democracia y la libertad. Con su decisión excéntrica de no viajar durante más de cien días, el presidente ha puesto de manifiesto lo que a estas alturas valora la política exterior. El ministro Moratinos, centrado en exceso en la difícil cuestión palestina, no tiene capacidad política para sustituir al presidente, que ni está ni se le espera en los principales foros europeos e internacionales.



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