El Correo Digital
Viernes, 17 de marzo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
El show
Veo que hay un nuevo 'reality show' que está causando sensación en EE UU. En la cadena ABC. Se llama 'Miracle Workers' (Trabajadores milagrosos). Y me parece que es peor que cualquiera de los anteriores. De hecho, ésa debe de ser una de las leyes ocultas del medio televisivo: hazlo de manera que cada vez resulte todo un poquito más perverso. Para subir el índice de audiencia, claro. Se ve que cada cierto tiempo es necesario reduplicar la intensidad del estímulo para mantener al menos la mitad del interés del público. O como decía el dulce Baudelaire, «cada día avanzamos un paso hacia el infierno». Porque esta vez, los protagonistas del espectáculo son enfermos terminales. ¿No es emocionante? Personas que sufren males incurables o que van a morir irremediablemente en una fecha más o menos breve. El asunto es que deben estar dispuestos y firmar su consentimiento para ser sometidos a tratamientos experimentales y con escaso margen de esperanza. Naturalmente, ante las cámaras. Los médicos que participan son todos de primera fila, pero, por supuesto, el programa no garantiza el éxito de los procedimientos empleados. Todo el mundo comprende que, en gran medida, es el hecho de que la muerte ande merodeando por ahí lo que se espera que llame la atención de los apáticos y morbosos espectadores. La muerte real en directo. Lo que me recuerda una película del realizador francés Bertrand Tavernier fechada en 1979, que se titulaba precisamente así, 'La mort en direct'. Era una historia de ambientación futurista que anticipaba lo que ahora se hace realidad: un reportero de televisión se ganaba la confianza de una enferma terminal (interpretada por Romy Schneider), para filmar, por medio de una cámara oculta implantada en su ojo, su agonía y últimos días de vida. La película trataba de denunciar precisamente el peligroso papel que pueden jugar los grandes medios de comunicación en una sociedad cada vez más ansiosa y exenta de valores. De todas formas, en EE UU todavía nos llevan bastante ventaja en este tipo de cosas. Han llegado incluso a programar por televisión ejecuciones públicas, de modo que no parecen tener ningún problema para justificar la emisión de posibles muertes en un quirófano médico. Los promotores del programa aducen que su propósito es brindar una oportunidad terapéutica a las personas que no cuentan con medios económicos para pagar el tratamiento en un hospital. ¿No hay algo horriblemente cínico en todo eso? El espectáculo se nutre de tragedias reales. Y los enfermos terminales son las nuevas estrellas. Si usted no tiene dinero, ya sabe: puede vender su muerte a la televisión.



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