Vendida como la primera producción europea con estética 'anime' -táctica publicitaria harto discutible-, 'Gisaku' llega precedida de una campaña promocional que ha incluido exposiciones sobre su concepción y hasta un cómic. El manga oriental está de moda. Fusionarlo con ideas occidentales es el principal objetivo de este filme de capital español, que apuesta por el espectáculo visual en detrimento de un guión coherente. El aspecto técnico ha sido cuidado con cariño, no así el argumento de una propuesta visualmente manida, que ha dirigido con eficacia artesana el debutante Baltasar Pedrosa, bregado en diversos campos del terreno de la animación.
'Gisaku' surgió a raíz de un concurso convocado por la Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales. Un certamen que buscaba ideas para una película de animación que representara a España en la Expo 2005 de Aichi y transmitiera una imagen actualizada y moderna del país. La película de Pedrosa ganó el reto, pero éste es precisamente uno de sus mayores lastres. Las tribulaciones de un samurái guardián de una llave capaz de abrir una puerta que permite la entrada de seres de la Oscuridad sirve de excusa para pasear al espectador por las ciudades más emblemáticas de la península, Bilbao incluido, repasando sus monumentos y obras de arte, con el inevitable recuerdo al Quijote de Cervantes. La dirección artística es encomiable, pero la trama se resiente debido a la insistente información histórica sobre la cultura hispana. Por lo demás, la eterna lucha entre el bien y el mal y personajes pintorescos al servicio de un esfuerzo técnico que merece su reconocimiento.