Jonathan Nossiter (Washington, 1961) escanciaba vino a los quince años como camarero en París. Sumiller diplomado, hoy elabora cartas de vinos para los restaurantes más afamados de Nueva York en el escaso tiempo que le deja su labor como documentalista. 'Mondovino' reúne sus dos pasiones, el cine y los caldos, en un filme que ha causado un terremoto en el mercado vitivinícola mundial.
Nossiter empleó cuatro años en recorrer las bodegas más afamadas de tres continentes. Entrevistó a poderosos terratenientes y a humildes campesinos. Su trabajo de campo, tan sorprendente y productivo como el de Morgan Spurlock en 'Supersize Me', posee el calado político de 'Bowling for Columbine'. Porque un viticultor, en su opinión, «es a la vez un agricultor, un comerciante y un artista. Su vínculo con la tierra es de gran humildad al estar sometido a los caprichos de la naturaleza. Como los artistas, intenta hacer soñar, aportar placer y provocar intercambios entre las personas. La obra por la que entrega su alma es, a diferencia de las obras de arte, intrínsecamente efímera y producto de la inmediatez».
El vino es sólo una excusa para denunciar la globalización, la estandarización de la cultura y el imperialismo económico de EE UU. Al igual que McDonalds vende hamburguesas, las regiones vitivinícolas del californiano Valle de Napa extienden la homogeneización de sus productos. Se sirven de gurús como el crítico Robert Parker, que con su puntuación dobla automáticamente el precio de una botella, o el enólogo Michel Rolland, consultor de más de 500 bodegas en Europa, América y África.
Nossiter se propuso «investigar sobre la transmisión de saberes de una generación a otra, sobre resistir en el pasado o evolucionar». 'Mondovino' confronta a multinacionales y labriegos que defienden su terruño, porque, tal como argumenta un bodeguero toscano, dentro de poco todos los caldos van a saber igual. En palabras del director, que añadirá a la edición en DVD un apéndice sobre las denominaciones de origen españolas, «es una celebración de la individualidad y de la idea de que cada uno debe resistirse a la homogeneización».