El Correo Digital
Viernes, 17 de marzo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES

DEPORTES
CICLISMO
A rueda del equipo Kaiku
Ruiz de Larrinaga y Berasategi guían a EL CORREO por un recorrido que parte de Vitoria hacia Orduña
A rueda del equipo Kaiku
EN PLENO ESFUERZO. Larrinaga, Berasategui y el periodista Gómez Peña, en un tramo de la ruta. / JON RODRÍGUEZ
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar
MARCHAS CICLOTURISTAS
Bilbao-Bilbao: Domingo, salidas desde las 8.00 hasta las 9.00 desde San Mamés. 114 kilómetros. Organizada por el Cycle Club.

Punta Galea (Algorta): Sábado, a las 8.55 en dirección a Astoreka. 70 kilómetros. Domingo, a las 8.55 horas, en dirección a Lemoiz, 70 kilómetros.

Iurreta TE: Sábado, a las 9.30 horas. 81 kilómetros. Domingo, a las 9.30 horas, 83 kilómetros.

S. C. Langraitz: Domingo, a las 10.00 horas. Nanclares-Menoza-Gopegui-Barázar-Villarreal-Vitoria-Nanclares. Martes (21), a las 9.30 horas. Nanclares-Mendoza-Arcaute-Alegría-Otazu-Vitoria-Nanclares.

S. C. Vitoriana: Domingo, a las 9.30 horas. Recorrido A (66 km.). A las 10.00 horas. Recorrido B (58 km.).

S. C. Ariznavarra: Domingo, a las 9.30 horas. Recorrido: Vitoria-Gopegui-Zubizabal-Otxandio-Villarreal-Landa-Vitoria. 60 km.

C. D. C. Foronda: Domingo, a las 9.00 horas. Recorrido: Escalmendi-Arzubiaga-Lubiano-Illáraza-Cerio-Andollu-Gáceta-Alegría-Dallo-Guevara-Marieta-Landa-Vitoria.

Publicidad

Quedamos en una esquina de Vitoria, junto al Hotel Lakua. Buen sitio. En cuanto te giras se acaba la ciudad. Vitoria no tiene los tentáculos de Bilbao, que se prolonga por decenas de carreteras. Javier Ruiz de Larrinaga y Antonio Berasategi llegan puntuales. Son las diez. El sol lustra el fucsia de sus maillots del equipo Kaiku. «Has elegido buen día para la ruta», me dicen. Asiento, aunque tengo archivado en la piel el dato del termómetro: 3 grados. Sol y frío: Vitoria.

Larrinaga es de Amezaga, al lado de Murgia. Él hace de explorador: «Aquí, en función de si nieva o de si hay niebla elegimos el recorrido». Hoy el único obstáculo es el frío. «¿Frío?», se extraña Berasategi, un ciclista con arquitectura para el baloncesto. «Soy de Araia, y allí siempre marca dos grados menos que en Vitoria». Entendido. Nos refugiamos en el 'gore tex', el 'wind tex' y todos los 'tex' posibles de la nueva ropa ciclista. Piel de foca, repelente para el agua y vacuna para el tembleque.

Salimos por la autovía. Hacía Murgia. La sal cruje bajo las ruedas. El asfalto está húmedo. El termómetro lo preserva así. La autovía no es un buen lugar para las bicis, pero sí un mal necesario para luego disfrutar. Se va bien a rueda de Berasategi, quitavientos perfecto: mide 1,85 metros. «La bici de Antonio es más larga que las de los demás», comenta Larrinaga. Es una manera de decir que su compañero es de los que se entrenan duro, de los que llevan con el gancho a la 'grupetta' de Vitoria (Beloki, Yus, antes los Galdeano...).

Tras el breve paso por la autovía, un desvío a la derecha nos saca a un paraíso para el cicloturismo: la carretera que va hacia Murgia y Altube. Se acabaron los coches. Y empiezan las dificultades: el alto de Aiurdin. «No hemos corrido veces por aquí ni nada», le comenta Larrinaga a Berasategi. Es un puerto corto pero exigente. Antonio aprovecha para descargar lastre líquido en la cuneta. Riega y nos coge en un santiamén. Ellos charlan; yo jadeo. Berasategi me pregunta algo. No respondo. Simplemente señalo la cima con la mano. «Allí te lo cuento». Cuando tenga aliento para pedalear y hablar a la vez. Compartimos la sonrisa.

Murgia y Amezaga son el paisaje de la biografía de Larrinaga. Saluda a una señora. «Es mi tía». El de hoy es un viaje ceñido a un tópico del argot ciclista: rompepiernas. Así que aprovecho la tregua del asfalto para conocerles mejor. Larrinaga es un ciclista familiar. Sobrino de Ibánez Loyo, ex campeón de España. Alumno durante 14 años del club ciclista de Zuia. Con 4 años ya corría. Por tradición genética. A Antonio le costó algo más. De hecho, hizo trampa. «Engañé ami madre. Le dije que necesitaba el libro de familia y una foto para el colegio. Pero eran para apuntarme en la escuela de ciclismo del pueblo».

Pinchazo en La Barrerilla

La carretera sigue siendo agradecida, parece deshabitada. Nuestra. Podemos charlar sin problema. El puerto de Altube por esta cara tiene más nombre que exigencia. Es apenas un tobogán. En cambio, el descenso cae desde la meseta hacia Amurrio. Buen asfalto. Curvas amables. Velocidad, pues. Y, tras la bajada, un rato para el turismo: a la derecha el Gorbea blanquea la mirada; por la izquierda se opone la peña de Orduña. «La Virgen se ve desde un poco más abajo», me guía Larrinaga. Nieve en derredor y sol arriba. «Ya ha llegado el verano», se felicita Berasategi, que se quita los guantes. El mercurio es ahora más clemente: doce grados.

Entre Amurrio y Orduña, en paralelo al incipiente río Nervión, la ruta se prepara para el regreso a la meseta. Hay dos opciones: por el puerto de Orduña (1ª categoría) o por La Barrerilla (2ª). Elegimos -ellos condescendientes y yo agradecido- La Barrerilla: cinco kilómetros de ascensión que hilan la frontera entre Vizcaya y Álava y que nacen con una rampa dura, justo al cruzar sobre la línea férrea Bilbao-Miranda. Ahí, el destino pincha mi rueda delantera. He cometido un descuido de principiante: la válvula del tubular de repuesto es demasiado corta para la llanta. Las manos de Berasategi, grandes como sarmientos, tratan de ajustar el tubular. Un relámpago de venas le cruza la frente. Nada. Imposible. Es decir, que o vuelvo a Orduña en busca de un taller -lo que retrasaría la ruta- o recurro al coche. Viene bien llevar un teléfono móvil. Y así, subo La Barrerilla con aire acondicionado. Larrinaga y Berasategi continúan solos por un balcón de curvas hecho para las bicicletas.

Media docena de rapaces otean la cima. Pinos y sol. Es una mañana espléndida. Los dos corredores del Kaiku aprovechan para acelerar. Suben a tren, con un desarrollo de 17, 18 y 19 dientes. Tras el puerto, cierran el bucle por un terreno de pastos y a través de los repechos de Gujuli e Izarra. Y de ahí, en descenso, a Murgia primero y al punto de salida después, a la esquina de Vitoria donde todo había comenzado casi tres horas antes.



Vocento