El hechizo de Sepang hace saltar algún resorte en la cavidad emocional de Fernando Alonso cuando escucha la reflexión. «Un año de líder. Aquí empezó todo». El asturiano estira las orejas, echa la vista atrás y recuerda. «Sí, desde entonces he permanecido siempre en primera posición del Mundial...». Y antes de que el pasado nuble su estado de vigilia, dirige sus pensamientos al futuro. «Pero bueno, lo importante es la clasificación en octubre, tener regularidad y tratar de acabar carreras en el podio». Alonso, doce meses en el pedestal de la Fórmula 1.
Fue el 20 de marzo en la madrugada española, con 37 grados y una humedad atosigante en el circuito malayo. En una cita frente a 19 pilotos más, 56 vueltas y 310,408 kilómetros que el ovetense recorrió en una hora y media (1.31:33). Sólo dejó la cabeza de la prueba en cinco giros a Fisichella, Raikkonen (2) y Trulli (2). Terminaron trece coches, hubo cuatro accidentes (Friesacher, Villeneuve, Webber y Fisichella) y tres abandonos más. Alonso compartió podio con Trulli y Heidfield. Y hasta hoy, convertido en un icono del deporte español.
Aquella carrera marcó la tendencia de 2005 en la F 1 y transportó a Alonso a un hemisferio desconocido hasta entonces: pasó de deportista puntero a ídolo. Al olor de la gasolina de Sepang y de mecánicos afanosos que cubren los neumáticos, entran y salen de boxes buscando una sombra, Alonso reflexiona en el aspecto estrictamente deportivo: «De un año a otro no ha cambiado mucho mi vida. Ahora me gusta la presión que tengo. El año pasado no me daban favorito para las carreras y ahora sí. Y me gusta ser favorito».
Entre una imagen y otra, han transcurrido dieciocho carreras (las 17 siguientes a Malasia en 2005 y Bahrein 2006), seis poles y ocho victorias del español (siete en 2005 más Bahrein) para un total de 137 puntos. Alonso ha obtenido una media de 7,6 puntos por prueba, un porcentaje que ensalza su regularidad. Por ahí lo tiene claro el asturiano. Mejor sumar que deslumbrar con alardes. Su entorno asegura que jamás pierde de vista el fin de semana completo, las sesiones libres del viernes, la calificación del sábado, la carrera. Todo en uno, tanto para él y su coche como en el análisis de los rivales.
Los neumáticos
Malasia mide la estatura de los coches, al decir de los sabios. Fernando Alonso corrobora la impresión. «Sepang es un circuito donde no se puede disimular. Es muy completo técnicamente y se aprecian las diferencias entre los coches para bien o para mal. Es indicativo para el resto de la temporada. El que va bien aquí, va bien todo el año. Y el que no, lo contrario. En eso se parece a Montmeló. Lo más exigente siempre son las curvas rápidas y lentas. En las curvas se puede ganar y perder mucho tiempo».
Asunto clave con estas temperaturas de escándalo, 35 grados ayer, serán de nuevo los neumáticos. Bridgestone y Michelín frente a frente, como todo el año. «Tradicionalmente Michelín ha dominado en Malasia -explica Fernando Alonso-. Así que esperemos que esto siga así. Si Bridgestone (Ferrari) no funciona, McLaren y Honda serán los rivales a batir. Parece claro. Ferrari será mucho más rápido en otros lugares, como Indianápolis, Australia o Hungría».
Hay alguna relación entre las ruedas de caucho y el calor y, en el juego de consecuencias, entre el bochorno y las deshidrataciones. Eso le sucedió a Alonso el año pasado. Falló el tubo que lleva agua a su garganta y sufrió un ligero vahído al salir de su monoplaza. «Se suda demasiado en este circuito y hay que tener cuidado. Físicamente hay otros trazados que castigan los músculos, como Turquía o Brasil. El calor también influye en el coche. Hay que abrir la ventilación y se pierde velocidad en las rectas».