El primer ministro británico, Tony Blair, defendió ayer su decisión de atacar a Irak y dijo que volvería a hacerlo a pesar de la ola de violencia que afecta a ese país desde el derrocamiento de Sadam Hussein.
Blair manifestó a los periodistas durante su conferencia de prensa mensual que la gente debería estar orgullosa de Gran Bretaña y de los esfuerzos de otros países occidentales de apoyar iniciativas favorables a la democracia tanto en Irak como en Afganistán. Sin embargo, fue criticado porque la violencia en el país del golfo Pérsico ha costado la vida a decenas de miles de civiles y ha dejado 103 militares británicos muertos desde que comenzó la invasión.
A la pregunta de si volvería a invadir Irak, Blair respondió: «¿Por supuesto que lo haría!». Luego explicó que la acción militar se justificó porque los árabes y el mundo musulmán merecían los mismos «valores universales» de libertad y democracia de los países occidentales y la capacidad de elegir a sus gobiernos. «Creo que sería muy difícil para todo el mundo occidental abandonar a esa gente cuando más lo necesita», insistió.
Ataques y atentados
Mientras, ocho personas murieron y otras 15 resultaron heridas en ataques y atentados perpetrados ayer al norte y sur de Bagdad. Además, la Policía encontró 25 cadáveres abandonados en varias zonas de la capital durante la noche del miércoles, en medio de una ola de asesinatos de aparente corte sectario. Las víctimas, todas ellas hombres muertos a tiros, fueron localizadas en zonas chiíes y suníes. Los asesinados vestían ropas de civil y muchos tenían las manos atadas.
Y desde Nueva York, el representante especial de la ONU en Irak, Ashraf Qazi, rechazó ayer que el país árabe esté al borde de una guerra civil y consideró que la situación se normaliza gradualmente. Qazi manifestó, en rueda de prensa, que todo está más calmado gracias a las medidas adoptadas por el Gobierno de Bagdad.