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Viernes, 17 de marzo de 2006
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SOCIEDAD
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Un estudio advierte de «la dificultad» de los jóvenes vascos para hacerse adultos
El 70% de los chicos de entre 16 y 25 años carece de trabajo, vivienda, pareja e independencia económica
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Los jóvenes vascos atraviesan una etapa de «ineficacia institucional», se encuentran «incómodos» en la sociedad actual y viven una situación de crisis que repercute en su vertiente «laboral, política y religiosa». Los mecanismos de integración social como la familia, la educación y las relaciones de pareja, entre otros vértices 'tradicionales', tampoco consiguen el aprobado de un sector de la población cada vez más «secularizado» y «aconfesional». Estas son las principales conclusiones que se derivan del estudio 'Hacia una nueva cultura de la identidad y la política. Tendencias de la juventud vasca', elaborado por la Universidad del País Vasco y editado por el Gobierno autonómico, que constata un «cambio cultural muy fuerte» provocado por las «grandes dificultades» que tienen los jóvenes para «acceder a la edad adulta».

Alfonso Pérez-Agote, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y director del informe, aludió a las «grandes deficiencias» que se perciben en el ámbito de la religión porque en Euskadi se vive «un proceso de secularización muy fuerte». Los datos recogidos en el estudio indican que el número de jóvenes vascos no creyentes se ha triplicado en menos de dos décadas: si en 1987 el 13% de la juventud manifestaba no creer en Dios, este porcentaje alcanzó un 35% en el año 2004.

La respuesta creativa

Una de las claves que pueden explicar los diferentes comportamientos de los jóvenes de hoy en día se cimenta en la hipótesis de que el actual marco de la sociedad contemporánea no les deja hacerse adultos. Según Pérez-Agote, el paso de la juventud a la edad adulta se sostenía, hasta la década de los setenta, sobre cuatro pilares fundamentales: el trabajo, la independencia económica, la pareja y la vivienda. Sin embargo, subraya el experto, el 70% de los vascos de entre 16 y 25 años «no ha conseguido todavía ninguna de estas cuatro cosas».

Pérez-Agote explicó que la juventud está en «tránsito permanente». «Ya no son jóvenes pero tampoco adultos, porque ni ellos mismos ni sus padres saben lo que son». El paso a la madurez se alarga durante mucho tiempo y, debido a ello, «la juventud se fragmenta en diversos universos: el de los que se desesperan, los que hacen lo que pueden, los que se dan al botellón y los que inventan salidas creativas a su situación».

Precisamente estos últimos vertebran el hilo argumental del estudio. Al encontrarse en una situación desesperada -«para triunfar es necesario que el mercado laboral te acepte»-, los jóvenes han optado por transformar las aficiones en su profesión. Vivir de la música -la 'cultura tecno'- o de los ordenadores -'hacker'- se ha convertido en un salvoconducto para una generación que ha comprendido que el proyecto tradicional de vida «ya no funciona».



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