En El Salvador, y también en el resto del planeta, resulta extraordinario conseguir un crédito sin avales y cierta apariencia de solidez económica. Esta posibilidad en un país donde más de la mitad de la población se encuentra en la miseria se antoja dificilísima e, incluso, peligrosa, ya que los usureros o 'coyotes' cobran intereses que rondan el 20% mensual. Además, los impagos son mal recibidos en un ámbito caracterizado por la abundancia de armas y la extrema violencia, habitualmente impune.
La ONG local Asociación de Proyectos Comunales (Procomes) se ha convertido en una alternativa fiable para «empresarios de subsistencia y acumulación simple», señala Idalia Godoy, responsable de la organización que ha visitado Bilbao en busca de apoyos. Esta entidad, nacida tras el desastre de la guerra civil para proporcionar auxilio a los desplazados, alentaba especialmente el desarrollo local y animaba a la autogestión cuando no cabía esperar nada de la Administración.
Dieciocho años después, este colectivo sigue impulsando la participación ciudadana en localidades donde falta el agua, la luz y las infraestructuras más básicas, pero también ha generado nuevas fórmulas de acción social, caso del microcrédito, para aquellos que no tienen acceso a los recursos financieros tradicionales. «Se lo proporcionamos a los que son rechazados por los bancos, a los colectivos marginales», explica la Godoy. «No pueden aportar garantías, así que no resultan interesantes y se les excluye. Desgraciadamente, el dinero prevalece sobre las personas».
El solicitante no recibe donaciones y tampoco consigue fondos de las instituciones financieras tradicionales, así que ha de recurrir a redes latinoamericanas y organizaciones de apoyo europeas como PTM Credit y la banca ética Fiare, organizadora de unas jornadas sobre finanzas solidarias en Bilbao. Idalia Godoy interviene en esta iniciativa aportando su experiencia a favor de los excluidos del sistema económico.
La voluntad de pagar contrarresta el riesgo de quien no puede aportar garantías, según su filosofía de trabajo. El conocimiento personal y la confianza suplen esa carencia. Ahora bien, la concesión de un fondo exige un trabajo previo de concienciación. «En El Salvador somos pobres e individualistas y tenemos que luchar contra este problema», explica Godoy. Mediante material audiovisual se instruye en el concepto de solidaridad, pero también se identifican necesidades y existe un acompañamiento del cliente a través de la asistencia técnica y la capacitación. «Les hablamos de planes de negocio, costos y gestión, bien sencillito. «Vamos a su casa, a la comunidad, y le asesoramos».
Créditos caros
Sin embargo, conceder un crédito es caro para la ONG. «Con los intereses no cubrimos el pago de todo lo que necesita», apunta Godoy. Los beneficiarios son, a menudo, grupos formados por individuos que se prestan mutuo aval, y se recurre a reembolsos a corto plazo, de dos a cuatro meses, con pagos semanales o quincenales. Aunque Procomes cuenta tan sólo con 300.000 euros para sus actividades, la abundancia de destinatarios da lugar a cientos de transacciones diarias de otorgamientos, renovaciones y recuperaciones del capital prestado. El objetivo de la operación puede ser la construcción de una vivienda o modestas actividades productivas en el sector informal.
En el amplio espectro de los demandantes abundan las mujeres con hijos a su cargo y, por profesiones, destacan los vendedores ambulantes, actividad frecuente en pequeñas poblaciones o entre quienes han emigrado a la capital. También están los panaderos, zapateros, costureras, algunos empresarios modestos y campesinos que cultivan pequeños labrantíos con mínimos excedentes para el mercado. «Todos aquellos que necesitan ayuda para salir adelante en condiciones tremendamente duras».
Más información
La página web de esta ONG, creada en 1988, y sus actividades es: www.procomes.org