Además de 'pino radiata' o 'insignis', se le conoce como el pino de Monterrey, ya que en esta zona de la costa del Pacífico está el origen de la especie. Es el árbol más extendido en el mundo para la producción de madera, con 4,3 millones de hectáreas plantadas en Nueva Zelanda, Chile, Australia, Sudáfrica y el norte de España. En México y Estados Unidos apenas alcanza las 5.000 hectáreas y su uso es sobre todo ornamental, a menudo como árbol de Navidad.
A Vizcaya llegó en el siglo XIX de la mano de Marino Adán de Yarza, que inició las primeras plantaciones en Lekeitio. Hoy es la especie dominante en su paisaje. Ocupa 87.000 hectáreas, el 72% de la superficie forestal del territorio. Los forestalistas no ocultan su «preocupación» ante las consecuencias del 'fusarium', que por ahora son difíciles de evaluar. «No sabemos con exactitud cuál es su incidencia», afirma un portavoz del sector. Los síntomas son «muy similares» a los de la diplodia, otra enfermedad forestal más fácil de controlar.
La Diputación no contempla una línea de subvenciones específica para los propietarios que sufran pérdidas, aunque sí podrán acogerse al plan de ayudas para el sector. En las zonas afectadas por el hongo, los aserraderos deberán contar con instalaciones para el secado de la madera, un requisito que no todos cumplen. Mientras la cornisa cantábrica se prepara para combatir al 'fusarium', la comunidad científica también mira los bosques con preocupación. El desarrollo urbano y las enfermedades amenazan al 'pino radiata' en sus lugares de origen -las localidades de Monterrey, Año Nuevo y Cambria y las islas mexicanas de Guadalupe y Cedros- donde se conserva la mayor diversidad genética de la especie.