Cinco años después del accidente que costó la vida a Ricardo Otxoa y que provocó heridas graves a su hermano Javier, ha comenzado hoy en Málaga el juicio por el atropello de los dos ciclistas profesionales que militaron en el equipo Kelme. Sebastián Fernández, que está acusado de atropellar a los ciclistas mientras entrenaban por una carretera cercana a la capital malagueña, ha asegurado al juez instructor que la colisión se produjo cuando el que circulaba por el lado izquierdo invadió repentinamente su carril.
Sebastián Fernández, que en aquella época era director de Deportes de la Universidad de Málaga, explicó que como consecuencia del impacto, el ciclista cayó encima del capó de su vehículo y la bicicleta salió despedida, por lo que intentó frenar poco a poco, sujetando el cuerpo del deportista "para que no saliera despedido". "Parte de su espalda entró por mi ventanilla", añadió el acusado, que recuerda que todo ocurrió "muy rápido" y no sabe qué le pudo pasar al deportista, "si vio una piedra o qué".
Según el testimonio del procesado, los ciclistas iban en paralelo y "no tiene certeza" de si la persona con la que impactó fue Javier o Ricardo, "pese a que todos los días pienso en el caso". Añadió que él cree que sólo impactó con uno de los ciclistas y que no sabe qué ocurrió con el otro "que puede ser que se golpeara con alguna pieza de la bici siniestrada".
Fernández mantiene que fue uno de los ciclistas quien invadió el carril cuando se encontraba a un metro aproximadamente y que en todo el recorrido ni recibió ni hizo llamada de teléfono alguna, y que en el momento de producirse el accidente no fumaba y estaba atento a la circulación, que era muy escasa. Respecto a la velocidad a la que iba, no la pudo precisar con exactitud, ya que no miró el velocímetro, "aunque iba a una velocidad muy prudente", que calculó que rondaba los 60 kilómetros por hora "e iba en tercera".
Javier Otxoa, de testigo
En el juzgado también se encontraba Javier Otxoa, que señaló que no recuerda cómo ocurrieron los hechos y relató que el suceso ha cambiado su vida y le ha dejado secuelas físicas y psíquicas. Otxoa, que declaró en calidad de testigo, dijo que desde el accidente no puede trabajar, no tiene amigos ni novia y que no sabe ni leer ni escribir. El ciclista relató que cuando se entrena necesita estar acompañado, que sufre problemas de equilibrio y que padece jaquecas y dolores.
Por su parte, su padre que también declaró durante el juicio señaló que desde el accidente su hijo ha perdido emotividad, necesita a alguien que esté siempre con él y confirmó que sufre dolores y jaquecas. Las declaraciones de padre e hijo se suman a un comunicado que entregó esta mañana un familiar de Otxoa en el que se aseguraba que Javier está "hundido en la muerte 'pero vivo tras vivir un calvario tanto físico como mental'".
En el mismo se añade que sus objetivos son "luchar sin tirar la toalla y asumir los problemas que se enfrentan todos los incapacitados, mirando con rabia al presente, pensando en su pasado". El escrito, firmado por Javier Otxoa, concluye que luchará "por lograr lo máximo en el que fue su deporte, pero en deporte adaptado y conseguir el respeto que merecen, de los demás, para él y sus nuevos compañeros todos los incapacitados".
El fiscal pide para Fernández que sea condenado por una falta de homicidio por imprudencia leve y otra de lesiones por imprudencia leve a pagar una multa de veinte euros por día por cada una de ellas y a la privación del permiso de conducir durante ocho meses. Por su parte, la Asociación de Ciclistas Profesionales (ACP), el grupo deportivo Kelme y la familia Otxoa, que ejercen por separado la acusación particular, piden que Fernández sea condenado por un delito de homicidio imprudente y otro de lesiones imprudente.