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Lunes, 20 de marzo de 2006
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CULTURA
PASCUAL PÉREZ, ANIMADOR
«Los personajes deben emocionar al público»
El animador español de 'Wallace & Gromit' celebra el Oscar del filme y asegura que «es muy reconfortante el reconocimiento» de su trabajo
«Los personajes deben emocionar  al público»
MINUCIOSO. Pascual Pérez alista a Wallace para una toma. / IMAGO
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PERSONAL
Pascual Pérez (Castellón, 1967), se marchó a Bristol en 1998 con su «título de Bellas Artes bajo el brazo» y cuatro años de experiencia como realizador de dibujos animados. En la Universidad de West England cursó un máster en animación de plastilina. «Los profesores eran directores de Aardman», el estudio donde se rodó luego el filme. Desde entonces, trabaja para ellos.

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El día después de la entrega de los Oscars, además de comentar los vestidos sobre la alfombra roja y reseñar con sorpresa que 'Crash' fuera elegida como mejor película del año, la mayoría de los medios nacionales hizo hincapié en que el candidato español, Alberto Iglesias, volvería a casa sin una estatuilla bajo el brazo. «Una pena -comentaban-. Nos hemos quedado con las manos vacías». Sin embargo, hubo un error. Aunque muy poca gente lo sepa, sí hay un español galardonado que a viva voz anuncia: «¿Estoy celebrando el Oscar! Es muy reconfortante que tu trabajo sea reconocido».

Su nombre es Pascual Pérez, tiene 39 años, nació en Castellón y es animador. En concreto, es «uno de los dieciocho animadores» que, bajo la dirección de Nick Park y Steve Box, dieron vida a los personajes Wallace y Gromit -un inventor despistado y su perro fiel-, quienes protagonizan el largometraje 'La maldición de las verduras'. En él, todas las figuras están hechas de plastilina. «Las modelamos para cada fotograma, tomamos una fotografía y repetimos el proceso tantas veces como sea necesario», explica este licenciado en Bellas Artes que encontró su salida profesional en Bristol. «Cuando el conjunto se proyecta a una cadencia de 24 por segundo, se ve el resultado». Es decir: un filme premiado por la Academia como la mejor película de animación del año.

-¿Es necesario conservar alma de niño para realizar películas de animación?

-El alma, no sé. En lo personal, me conformo con preservar la mirada para entrar en el juego. Ser capaz de emocionarse y divertirse como un niño resulta de gran ayuda en este trabajo.

-También habrá que tener mucha paciencia.

-Más que paciencia, hace falta perseverancia y capacidad de concentración. De hecho, yo no me considero una persona muy paciente.

-De modo que no recomendaría hacer figurillas de plastilina como terapia anti-estrés

-Mmm Pensándolo bien, no. Definitivamente, no es una buena terapia (risas).

-¿Es cierto que los directores fueron detallistas en extremo?

-Sí, es verdad. Nick Park creó y animó a sus personajes durante años, así que nosotros tuvimos que hacerlo como si fuéramos sus propias manos. Él tiene un gran talento y una capacidad de visualización increíble. Para mí, es un genio y tengo una fe casi ciega en su opinión. He aprendido mucho observándole.

-¿Qué es lo más fascinante de su trabajo?

-El poder que tiene la animación para transmitir sentimientos a partir de objetos o imágenes inanimadas Y, a su vez, que los espectadores sean capaces de identificarse con esas creaciones como si se tratara de seres reales.

-¿Dónde estuvo el mayor desafío?

-En realidad, ¿en todo! Quizá lo más difícil fue transmitir las emociones de los personajes y hacer que el público se viera reflejado en muñecos de plastilina de doce centímetros. Gromit, por ejemplo, es un personaje muy difícil a pesar de su simplicidad.

-¿Por qué?

-Porque no tiene boca y no habla. Los animadores tuvimos que comunicar sus pensamientos e ideas sólo a través de su actitud, de su mirada y de pequeños cambios en la expresión de sus ojos o sus cejas. Y eso, a veces, resulta bastante complicado.

Huellas como firmas

-¿Cuáles son los errores imperdonables en su profesión?

-No puedes permitirte que el personaje no esté bien animado o que no transmita exactamente lo que el director quiere conseguir con su actuación.

-¿Y qué hay de la estética? ¿Vale dejar huellas digitales sin querer en la plastilina?

-(Risas) ¿Sí que vale! De hecho, Nick Park buscaba esa textura artesanal en sus personajes como una manera de enfatizar la parte física y real de los muñecos. Es más, a algunos animadores acostumbrados a pulir más sus modelados les resultó difícil copiar ese estilo.

-¿Usted prefiere esa línea artesana a la animación por ordenador?

-La animación por ordenador experimenta un gran desarrollo y, actualmente, ofrece posibilidades expresivas enormes.

-¿Entonces?

-Cuando empecé esta carrera, hacían falta máquinas muy potentes y caras para poder trabajar. Frente a eso, la animación tradicional sólo implicaba papel y lápiz o plastilina, una cámara y un poco de pasión e imaginación.

-Suena sencillo

-Y realmente lo es. Aunque la maquinaria que hay detrás de 'Wallace and Gromit' es enorme, el principio técnico es simple. Por otro lado, el medio básico de mi actividad es la animación. El ordenador, el dibujo o la escultura sólo son herramientas diferentes que tienen cualidades propias.

-En la realización del filme participaron treinta animadores. ¿Cómo lograron organizar un equipo tan numeroso?

-En los momentos de máxima producción, el equipo estaba formado por dieciocho animadores y unos doce asistentes. Cada animador se ocupaba de un plano, con todos los personajes que aparecieran en él, sin importar la cantidad. Daba igual que fueran cuarenta. Los asistentes ayudaban en el modelado, preparaban las distintas bocas que se irían reemplazando para el diálogo sincronizado y colaboraban en el plató de rodaje.

-¿Y los directores?

-Ellos daban las instrucciones individualmente a cada animador. El resto del equipo hacía las pruebas necesarias y luego se rodaba el plano. Al acabar, los directores lo aprobaban o nos pedían que lo repitiéramos si había que cambiar algo.

Por separado

-¿Cómo hacían para evitar los roces o las discusiones?

-En realidad, no hubo roces ni ocasión para tenerlos porque el trabajo estaba organizado de manera secuencial. Primero entraban los montadores de escenarios, luego, los 'attrezzistas', después, los iluminadores con los cámaras y, finalmente, el animador. Cada uno desarrolló el trabajo por separado. Yo casi siempre estaba solo en el 'set' de rodaje. Cuando veía al resto del equipo era en la cantina o en las reuniones de grupo.

-Un engranaje perfecto

-Sí. Gracias a ello teníamos casi treinta platós funcionando de forma simultánea.

-¿Treinta ha dicho?

-Sí. Y los directores debían supervisar todo lo que ocurría en cada uno. La organización fue lo más complicado y el trabajo de producción resultó muy intenso. No obstante, ambos estuvieron bien resueltos.



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