Uno se había acostumbrado a presentarse en el Fernando Buesa Arena con una sensación de confianza. Sabedor de que lo abandonaría -ya fuera con una indisimulada sonrisa o entre bostezos- con otro triunfo en el zurrón. Catorce seguidos había engarzado el Baskonia hasta ayer. Contra rivales enclenques, fornidos o de perfil medio. Pero siempre victorioso. Hasta que se cruzó en el camino el Unicaja, errante en el último mes y vigorizado tras esta visita.
La enconada lucha que protagonizaron sobre el parqué otorgó el liderato compartido de la ACB a los visitantes. Porque fueron mejores. Porque desplegaron más recursos. Al TAU, que se dejó el alma en el intento, se le hizo muy largo el encuentro. Demasiado. Metió la zarpa en las sibilinas trampas defensivas malagueñas, se revolucionó en exceso y echó demasiado en falta a su microondas defensivo, Tiago Splitter, eliminado de la atractiva cita por un traicionero proceso vírico.
A pesar de tanto contratiempo y precipitación, su ardor le permitió acceder al minuto final con una vaga opción de remontada. Ese último conato, eso sí, quedó en nada de un plumazo. Ya que el cuadro andaluz conservó la calma, instalándose de paso en la cúspide de la Liga. Mientras que el Baskonia queda relegado al tercer cajón. Con el añadido de que, en el supuesto de empate técnico con los verdes, el 'average' particular siempre le perjudicaría. Mala noticia.
Inicio de fábula
¿Quién iba a pensar a las 19.10 horas, cuando el pelotón de Perasovic ganaba por 14-0, lo que cambiaría esta historia? Ese reluciente comienzo mostró el lado bueno del rostro azulgrana. Bronceado y luminoso. De anuncio.
Esa salida pluscuamperfecta dejó atolondrado al contrincante, en el que nadie acertaba a dar con la tecla adecuada. Gastó un tiempo muerto antes de lo previsto Scariolo -recibido con una sonora pitada-, pero sus chicos no reaccionaron. El público, feliz, hacía la ola. Placidez total. Hasta que el taimado entrenador italiano recordó que su único pívot puro, Daniel Santiago, vegetaba en el banquillo.
Fue salir el portorriqueño y el Unicaja empezó a carburar. En ambos lados de la pista, además. Obligando al TAU a estrujarse la sesera. El interminable poste centroamericano, con la connivencia de Drobnjak, horadaba una y otra vez el aro local. Como los azulgranas mantenían sus registros ofensivos, pudo alcanzar el descanso con una diferencia apreciable (40-32).
Todo se torció en la reanudación. Scola -que reinó ante Pietrus y sufrió contra Santiago- cometió la tercera falta personal. Primera alarma encendida. 'Peras' optó entonces por cuatro pequeños antes que recurrir de nuevo al tibio Drobnjak. Pese a ese déficit de centímetros, el Baskonia aguantó el tipo (48-38).
Pero llegó la traca malagueña. Con el anfitrión apostado en zona, el Unicaja afiló su muñeca. Tres triples consecutivos de Herrmann, ¿desde la misma esquina!, más otro de Cabezas reequilibraron el electrónico (50-50). Problemas.
Al plantel alavés le entraron las prisas. Se estampó contra la muralla rival. Acelerado, erró a la hora de tomar decisiones. Impreciso y fallón, movió sus resortes al ritmo de su corazón, olvidando las señales de alerta emitidas por su cerebro.
El choque se enturbia
El adversario prosiguió el castigo. Y una sima se abrió entre ambos contendientes. 51-57 al término del nefasto tercer cuarto. Un devastador parcial de 3-19 para los amantes de las estadísticas. Y David con tres faltas. Las mismas que Jacobsen. Aprietos serios.
No mejoró demasiado el panorama en el último periodo. El húngaro y el americano cometieron enseguida la cuarta. El contrincante se escapó (53-63).
El inquilino del Buesa Arena tiró en esa fase de testosterona. Como el Unicaja ni es manco ni se amilanó, el duelo se enturbió. Proliferaron las quejas. Pietrus y Hansen cruzaron más que palabras. Se protestó hasta por el color del balón. Y los árbitros, desnortados por momentos, con un papelón de cuidado sobre los hombros.
El reloj corría demasiado rápido para los intereses alaveses. Menos mal que el Unicaja olvidó en ese tramo la presencia de Santiago en cancha, que luchaba y luchaba por la posición sin recibir casi nunca el balón.
Dos triples del irreductible Prigioni limaron la distancia a cuatro puntos (68-72). Pero como el club andaluz -el único capaz de ganar este curso dos veces al Baskonia- conservó la calma, el Buesa Arena se quedó sin magia.