El encuentro resultó rico en matices. Hubo calidad, nervios, pasión y mucho movimiento de pizarra. En varias fases de la 'reunión', tanto el Baskonia como el Unicaja fiaron su consistencia defensiva a una zona 2-3. Eso sí, esta solución reportó réditos dispares a ambos protagonistas. Mientras cimentó la remontada visitante, deprimió a los vitorianos.
La eclosión de este fenómeno se localizó en el tercer cuarto. Ambos equipos apostaron por acotar su territorio por medio de una zona. Más activa la andaluza. Frente a esta tela de araña, el TAU quedó atrapado. Ante la falta de espacios y con la solución del 'bloqueo y continuación' en barbecho, se puso nervioso.
Pecó de precipitación. Optó demasiadas veces por soluciones de urgencia. Errando a la hora de decidir cuándo y desde dónde lanzar a canasta, ningún azulgrana acertaba a encestar. Y su cuenta bancaria, por tanto, quedaba paralizada. Y es que un bosque de musculados brazos rodeó el tablero visitante, adelantando la llegada de la noche para el último campeón copero.
Todo lo contrario sucedió en la otra mitad de la cancha. Porque el TAU también fió su cotización a una 2-3. Sólo que en esta ocasión la apuesta le salió rana.
Desde la línea de tres
El representante de la Costa del Sol, el mismo que había perdido buena parte del crédito tras sus últimas decepciones en la Copa y en la Euroliga, respondió a esta estrategia con una paciencia infinita. Inteligente en cada movimiento, paseó el balón de un lado a otro, acabando siempre la posesión en las manos de Herrmann.
El internacional argentino se colocó en una esquina, la que da a la boca de vestuarios. Recibía solo, le daba tiempo a armar el brazo y sus misiles siempre encontraron el objetivo buscado. Tres veces seguidas. Tres veces desde el mismo lugar.
Le secundó Cabezas con otro triple más. Aún tuvo tiempo el omnipresente Herrmann de anotar otra canasta. Esta vez de dos. Del 48-41 que manejaba el TAU cuando optó por la zona se pasó entonces a un desasosegante 50-52. Ya no levantaría el resultado.