Encajando cincuenta puntos al descanso, o en dos cuartos consecutivos, es casi una proeza enderezar un partido. Queda el recurso de una inspiración similar en el ataque propio. Pero ni por esas. Supone demasiada ventaja a un rival como para que éste la desaproveche. Lo que le ocurrió al Lagun Aro el sábado en Maó es la muestra de lo que sucede inevitablemente cuando se desmorona un concepto. Medio partido tirado por la borda e insuficiente la notable reacción que llegó a continuación.
Fue una auténtica lástima que el bloqueo mental sucediera en una cita clave, la que podía haber definitivamente marcado un camino menos angosto para los rojillos de aquí a la jornada 34. Retornar de Menorca con la decimoprimera victoria habría permitido el acceso de los bilbaínos al club del bienestar liguero, carentes de preocupaciones y habilitados para labrarse un futuro más acorde a su crecimiento real. Sin que la derrota haya supuesto caos alguno, sin embargo devuelve a los de Vidorreta a la cabeza de un pelotón de rango inferior, llamado a eludir agonías y dramas postreros.
Ver la clasificación incita a hacer la señal de la cruz. El Etosa se ha descolgado hasta un terreno inverosímil para el conjunto que tan buen juego ofreció hace un año. A una victoria tiene al dúo Menorca-Caja San Fernando, quienes a su vez se colocan a un triunfo del cuarteto Granada-Manresa-Breogán-Fórum, los antecesores del Lagun Aro. El galimatías, de aquí a mediados de mayo, puede ser histórico.
Pero la situación de los rojillos ha tenido como último pespunte la caída ante el colista tras haber noqueado al líder. De haberse puesto por delante en el luminoso en el tercer cuarto, de haber contado con algo más de temple ante un oponente con taquicardias, a estas alturas el referente bilbaíno sería el próximo visitante de La Casilla, el Real Madrid.
Pesaron demasiado esos 50 puntos al descanso, algo que casi no se recordaba en la estadística vizcaína. Esta temporada, sólo el Granada y en La Casilla había protagonizado semejante tropelía y el Madrid se quedó a un punto de la cincuentena en Vistalegre. En el curso anterior, el del estreno en la ACB, la historia fue diferente. LA defensa no fue la mejor virtud de quienes descubrían un mundo nuevo y soñado.
Objetivo institucional
Así, rivales de todo pelaje, desde TAU, Pamesa o Gran Canaria al Manresa, Girona o Breogán, llegaron a cebarse con la cesta bilbaína. En ocho ocasiones se bailó al son de entre 49 y 58 puntos en contra en un tramo de veinte minutos. De todas ellas, sólo en una hubo margen de maniobra para acabar ganando. Fue en Valencia, donde los levantinos endosaron al Lagun Aro un 55-40 en la segunda parte que sirvió para forzar una prórroga en la que los bilbaínos no se achantaron (97-99).
La lógica, en cualquier caso, ha imperado y lleva al Lagun Aro -accidentes como el menorquín al margen- a centrarse en su objetivo institucional: mejorar la posición y el número de triunfos respecto a la decimocuarta plaza y doce victorias de la pasada temporada. Quedan nueve jornadas, pues, para sumar tres muescas más en el casillero de un equipo que cada vez huele más a convertirse en uno de los habituales en mitad de la tabla.