El Correo Digital
Lunes, 20 de marzo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Contestación estudiantil
Entre medio millón y millón y medio de personas, según las distintas fuentes, han participado en Francia en las manifestaciones hostiles a la nueva legislación laboral tendente a promover rápidamente oportunidades de primer empleo para los jóvenes, según el gobierno, y a consagrar la precariedad, para sus detractores. Estos son una notable mezcla de estudiantes y sindicalistas, según una arraigada tradición francesa, con el protagonismo y el papel de vanguardia para los universitarios. En efecto, antes de que la oposición a la nueva legislación se extendiera, las universidades se habían paralizado y el consejo de rectores había pedido al Gobierno que la repensara y diera una oportunidad al diálogo social.

Algunos observadores deseosos de resucitar la acción contestataria han creído ver en la amplitud de la protesta hasta ribetes del 68, pero la intuición no pasa de un ejercicio voluntarista con objetivos políticos: el sesentayochismo murió de muerte natural y lo que sucede ahora es equiparable al malestar social inherente al fin de un modelo de desarrollo industrial avanzado en un estado-providencia sometido a los desafíos de la globalización económica y la movilización social. Es seguro que el Gobierno, que quiere seguir gobernando, ha legislado no sólo con buena voluntad, sino con la convicción de que ofrecer un contrato instantáneo de primer empleo (pero que permitirá al empresario rescindirlo sin más en los dos primeros años) es la única manera de promover la contratación masiva y atender así, entre otras cosas, a la integración por etapas en el mercado de trabajo y -no se olvide- a remediar la insatisfacción que acusaron los barrios más desfavorecidos en otoño pasado.

El Gobierno Villepin, técnicamente conservador pero pertrechado de un residual gaullismo social, quiere mantener la ley, pero su caída en las encuestas a un año de las elecciones de 2007 permiten suponer que optará por renegociarlo. La pretensión social o, más precisamente, sindical-estudiantil de su mera retirada es excesiva y difícilmente atendible. Y, además, remite a una pregunta elemental: ¿qué propuestas tiene la oposición socialista, que no promueve la protesta, pero la instrumentaliza, para fomentar el primer empleo?



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