La muerte de Slobodan Milosevic no ha logrado unir en el dolor a su familia. La hija del ex presidente yugoslavo acusó a sus parientes de haber organizado un funeral «escandaloso» al antiguo dictador. Marija, que vive en Montenegro, ha roto todas sus relaciones con su madre y su hermano, que llevan varios años asentados en Moscú. «Ya no hay razón para tener ningún contacto con mi familia», aseguró Marija, de 40 años. «En ningún lugar de nuestro planeta la gente es enterrada en sus patios traseros».
Milosevic fue sepultado el sábado en el jardín de la casa familiar en Pozarevac, su ciudad natal, al este del país, después de que unas 80.000 personas le homenajearan Belgrado. Fue un funeral sobrio, sin honores de Estado. Por eso, a Marija no le agradó el último adiós que Serbia le brindó al ex dictador y declaró que pedirá la exhumación del cadáver para que pueda ser enterrado en Montenegro, donde nacieron sus progenitores, que se suicidaron. «Mi padre era todo para mí, mi gran amor», dijo.
Lo cierto es que ni Marija, ni su hermano Marko ni la madre, Mirjana Markovic, asistieron a la despedida del ex presidente por motivos de seguridad. No obstante, la viuda de Milosevic y su hijo organizaron el funeral desde Moscú, donde se encuentran exiliados, ya que tienen pendientes acusaciones criminales en Belgrado. Y, además, enviaron emotivas cartas que fueron leídas ante la tumba.
Marija también se enfrenta a imputaciones, por disparar un arma contra un negociador del Gobierno durante la detención del ex mandatario en 2001. Serbia es un «país traidor que le vendió», aseguró ayer, refiriéndose a la detención de Milosevic en 2001 y a su extradición a La Haya. «Mi padre fue asesinado en La Haya. Era un hombre sano, de una familia sana, podía haber vivido otros 20 años», afirmó.
«Dio un vuelco»
En una entrevista concedida a AP, también acusó a los miembros del Partido Socialista Serbio, asociado al antiguo dirigente, que estuvieron a cargo del ataúd los días que permaneció en Belgrado y acudieron al funeral en Pozarevac. «Mi estómago dio un vuelco cuando vi a los enemigos junto al féretro, la misma gente que se alejó de él como ratones el día que fue detenido», señaló.
También tuvo palabras de rencor contra los radicales locales y llegados desde Rusia que se encontraban entre las 80.000 personas que acudieron a Belgrado y los 20.000 que asistieron al entierro en Pozarevac. «No les pedimos que vinieran, no son nuestra familia», denunció Marija. Ayer, tan sólo un puñado de nostálgicos del ex mandatario se acercaron a visitar su tumba en los jardines de su casa.
Ahora, Serbia se enfrenta a la ardua tarea de poner fin al legado del régimen de Milosevic. Eso es, precisamente, lo que pedirán hoy a Belgrado los ministros de Exteriores de la UE. Sólo el paso del tiempo demostrará si el país balcánico consigue pasar página y restañar sus heridas.