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Lunes, 20 de marzo de 2006
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La oposición desafía en las calles la victoria electoral de Lukashenko por fraudulenta
Protestas contra lo que consideran un «pucherazo» sin precedentes, ya que los primeros datos otorgan al presidente más del 90% de votos
La oposición desafía en las calles la victoria electoral de Lukashenko por fraudulenta
FARSA ELECTORAL. Soldados de la comisión electoral vacían una urna para iniciar el recuento. / AP
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El guión ya estaba preparado de antemano y, como era de esperar, el desenlace de la farsa no fue otro que la victoria anunciada de Alexánder Lukashenko en los comicios presidenciales que ayer se celebraron en Bielorrusia. Según los primeros datos facilitados por la Comisión Electoral, el autoritario dirigente podría haber obtenido más del 90% de los votos. El candidato opositor Alexánder Milinkiévich, que, al contar con el apoyo de todas las organizaciones democráticas bielorrusas, se esperaba que obtuviese un buen resultado, no ha superado ni siquiera el 2%. Milinkiévich ha quedando incluso por detrás del diputado Serguéi Gaidukiévich (algo más del 3%), promovido por el propio poder con la intención de dividir el voto opositor.

El cuarto candidato en liza, el líder socialdemócrata, Alexánder Kozulin, que pasó unas horas en comisaría por un incidente durante la campaña electoral, tampoco habría obtenido ni siquiera el 2% de los sufragios. Convocadas por Milinkiévich, miles de personas salieron anoche a la calle para protestar contra lo que consideran un «pucherazo» sin precedentes. La Policía se mantenía vigilante y con la orden de intervenir sin contemplaciones al menor indicio de subversión del orden público.

Poco antes del comienzo de la campaña electoral, Lukashenko dijo sentirse seguro de su victoria y afirmó que no necesitaba manipular los comicios ni recurrir a ningún tipo de intimidación. Se ve que los llamamientos de EE UU y la UE en apoyo de la oposición bielorrusa debieron causar desasosiego en el entorno de Lukashenko porque, al final, no han dejado el menor resquicio abierto por donde pudiera habérseles colado una hipotética derrota.

Lukashenko ha abusado del llamado 'recurso administrativo', práctica consistente en aparecer constantemente en los medios de comunicación, no con motivo de la campaña electoral, sino en su calidad de presidente del país. El despótico mandatario se ha dedicado a visitar universidades, fábricas, centros oficiales, ha convocado una 'asamblea del pueblo', como en los tiempos del comunismo, para hablar del futuro de Bielorrusia, ha sido recibido por el presidente Vladímir Putin en Moscú e inaugurado todo tipo de instalaciones a lo largo y ancho del país.

La imagen, sin embargo, que las televisiones bielorrusas han dado de los candidatos de la oposición, Milinkiévich y Kozulin, ha sido de políticos débiles, pendencieros, con escaso poder de convocatoria, irresponsables e incluso peligrosos. Los servicios secretos del país, que mantienen su antiguo nombre soviético, KGB, han llegado a sugerir que entre la oposición podría haber terroristas y que se aplicaría la ley contra ese delito si se llegasen a producir desórdenes. La Policía antidisturbios, por su parte, ha amenazado con «partir la cara contra el asfalto» a quien trate de participar en manifestaciones no autorizadas.

La concentración de ayer no lo estaba. No obstante, el clima de intimidación surtió efecto sobre la mayor parte de la ciudadanía. El primer canal de televisión bielorruso aconsejaba ayer a la población ir a votar lo antes posible y regresar por la tarde a casa para «no verse envuelto en posible altercados provocados por la oposición radical». Minsk estaba ayer tomada totalmente por la Policía y los colegios electorales parecían fortalezas custodiadas por decenas de fornidos jóvenes con audífonos conectados al característico cable helicoidal que desaparece por debajo del cuello de la camisa. Desde por la mañana, las fuerzas del orden acordonaban las principales calles del centro de la ciudad mientras los canales de televisión difundían ya los sondeos a pie de urna que daban la victoria a Lukashenko.

Votación anticipada

Por si fuera poco y tal y como denunció ayer otro dirigente de la oposición, Alexánder Lebedko, entre rejas también hasta el final de la campaña electoral, los interventores de los partidos democráticos no han podido seguir las votaciones ni participar en el recuento de papeletas. Los colegios electorales abrieron además sus puertas el pasado martes, lo que ha hecho posible que, ya antes de la jornada de ayer, pudieran votar casi un 30% de los electores. El diputado liberal ruso, Vladímir Rizhkov, constató ayer que la votación por anticipado «es una puerta abierta al fraude masivo».

En definitiva, Lukashenko no ha querido dejar nada al arbitrio de las urnas y poco parece importarle la opinión que, por eso, pueda tener de él la comunidad internacional. Lo importante es que Rusia, cuyos dirigentes no quieren ver más revoluciones de terciopelo en su patio trasero, apoya a Lukashenko y le vende hidrocarburos a bajo precio para sostener la economía de su país. Gracias a eso y pese a la desbandada de inversores extranjeros, Bielorrusia logró el año pasado un crecimiento del 9,2%, uno de los más elevados de Europa.



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