La Cruz Roja calcula que alrededor de 300 millones de los 1.100 millones de personas que no tienen acceso a agua potable sufren ese problema por las guerras. «En todos los países donde trabajamos, donde hay una guerra abierta, fuerte o un conflicto interno, hay siempre problemas del acceso al agua de las poblaciones, especialmente cuando éstas son desplazadas», dijo ayer el ingeniero de la Cruz Roja Riccardo Conti.
El especialista explica que en estos momentos las crisis más graves vinculadas con el agua ocurren en Irak, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, las prisiones de Camboya y Darfur (Sudán). Conti sostiene que las guerras son «bombas de tiempo», porque, al dañarse las redes de agua, aumentan enfermedades como el cólera y las diarreas.
«La falta de agua, de acceso a saneamiento, a centros de salud, causa muchos más muertos y mayor morbilidad que directamente las bombas y las balas», añade. En noviembre de 1994, la Cruz Roja organizó en Montreux (Suiza) su primer encuentro internacional de expertos en un problema en el que ha estado trabajando desde finales de la década de los años ochenta: la relación entre el agua y las guerras. Los especialistas advirtieron entonces que iban a aumentar las guerras ligadas a la falta de agua.
El número de europeos que no tiene acceso suficiente a agua potable se eleva, por su parte, a más de 41 millones de personas, mientras que otros 85 millones carecen de drenajes, servicios sanitarios y sistemas de aguas residuales, según informaron representantes de la UE.
«La vejez de los acueductos de muchas ciudades europeas requiere acción inmediata», comentó Jeoren van der Sommen, del Proyecto Holandés de Agua. Algunos de los representantes europeos propusieron la implantación de un nuevo 'impuesto solidario' de un centavo de euro por metro cúbico de agua para modernizar las redes de aguas residuales.