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Martes, 21 de marzo de 2006
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CULTURA
ALFONSO PÉREZ SÁNCHEZ,0 CATEDRÁTICO DE HISTORIA DEL ARTE
«La reforma del Prado es interminable, carísima y discutida»
Máximo experto del Barroco español, destaca la influencia de Caravaggio en el joven Velázquez
«La reforma del Prado  es interminable,  carísima y discutida»
Pérez Sánchez, en primer término, con Benito Navarrete./ B. CORRAL
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EL PERSONAJE
Alfonso Emilio Pérez Sánchez (Cartagena, 1935), es catedrático de Historia del Arte por la Complutense de Madrid. Dirigió el Museo del Prado, del que es director honorario, de 1987 a 1991. Es experto en el barroco español.

Ha comisariado numerosas muestras, como la retrospectiva de pintura italiana del XVII celebrada en 1970 en el Casón del Buen Retiro y la antológica de José de Ribera en 1992, en el Prado.

Entre sus libros figuran la 'Naturaleza muerta española', 'Pintura barroca del XVII en España', 'Corpus de dibujos' o los dedicados con Diego Angulo a la pintura madrileña del XVII.

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El director emérito del Museo del Prado cree que la gran antológica dedicada a Diego Velázquez en el Prado a principios de los años 90, cuando él todavía dirigía la pinacoteca nacional, «no dejaba ver en el joven Velázquez la influencia ni de Caravaggio ni el contexto; aquello hizo acuciante e ineludible esta exposición», comenta de una muestra clave en el estudio de la pintura en España que Pérez Sánchez acariciaba desde hacia mucho y que sólo ahora, algo disminuido en su movilidad y en su capacidad de dicción, ha podido ver hecha realidad con la ayuda del doctor en Historia del arte Benito Navarrete.

Considerado uno de los máximos expertos en el Barroco español, se diría que Pérez Sánchez cumple ahora un viejo deseo de dejar sentada la potencia y la centralidad artística que adquirió Sevilla en el siglo XVII.

-Al hablar de un primer naturalismo pictórico, ¿dónde lo ubican, en Sevilla o en la Historia del arte?

-La exposición se refiere a la generación intermedia que se da entre el manierismo y los grandes maestros inmersos en el naturalismo pleno: el joven Velázquez, en Sevilla; o Ribalta, en Valencia. Herrera el Viejo está a caballo entre el manierismo y el naturalismo antes de la invasión caravaggiesca que dará sus frutos en la generación de Velázquez, Zurbarán y Cano.

-¿Cómo es posible que el Museo de la Abadía de Montserrat guarde un cuadro de Caravaggio, 'San Jerónimo penitente'?

-Fue por un prior que estaba en Roma en los primeros años del siglo XX. Con la compra de arte quiso compensar la destrucción del monasterio ocurrida en el siglo XIX. Ese 'San Jerónimo' lo compró en una almoneda sin saber que su autor era Caravaggio. Lo compró sólo por el tema: San Jerónimo es traductor de la 'Vulgata' (edición de la Biblia en latín) y un padre de la Iglesia. El cuadro está en Montserrat desde 1905.

-¿Por qué Sevilla es tan importante en aquella época y florecen allí tantos pintores?

-Sevilla es un foco de atracción, un crisol de flamencos, italianos, alemanes... Tiene un desarrollo urbano que propicia los conventos, con sus necesidades de atrezzo. Todo ello produce una ebullición de artistas que no tiene parangón en la España de ese tiempo. La corte se establece en Madrid por Felipe II y se nutre sobre todo de artistas toledanos, mientras que Sevilla se nutre de artistas nacionales que tendrán oportunidad de aprender de los extranjeros por la cantidad de colecciones de Italia y otros países que pasarán por la ciudad, la del duque de Alcalá, la del duque de Medinacelli, la de los Alba. Trajeron toneladas de pintura exótica que transformaron el conocimiento de los pintores sevillanos.

-Los tres grandes maestros que fructifican allí, nacidos entre 1599 y 1601, Zurbarán, Velázquez y Alonso Cano, ¿existe entonces constancia de que lo son?

-No. Velázquez se va en 1623 a la Corte, en Madrid, con sólo 26 años. Pero Zurbarán se queda como un pintor localísimo, atendiendo a los clientes de los monasterios. Y Cano se dedica a la escultura y pinta a ratos. Entonces no hay una conciencia de que es una generación privilegiada.

-¿Y se puede hablar de una escuela sevillana o española en aquel entonces?

-No. El concepto de escuela es muy académico y está superado. Yo no pretendo explicar la escuela sevillana, ni la nacionalidad de genios independientes, sino hablar de artistas que trabajan en Sevilla. El concepto de escuela es falso y arbitrario; a veces se han confundido atribuciones de Francisco Ricci y Valdés Leal, cuando éste es de la escuela sevillana y el primero de la madrileña. El concepto de escuela se ha sustituido por el de períodos; es mejor.

-¿Acude con regularidad a las reuniones del Patronato del Prado?, ¿cómo lo ve?

-Sí, claro, pero es que sólo se reúne tres veces al año. El pleno se informa, pero quien decide es la comisión permanente. Yo estoy convencido de que las obras de reforma y los cambios constantes en la dirección son muy perjudiciales. Las obras parecen interminables, carísimas y discutidas. El Prado está en un momento crucial; su futuro depende de lo que resulte de las obras y el programa de ampliación. Hasta que no se acaben, yo no lo veo claro. Parece que será para la primavera de 2007. Esperemos a la primavera para ver, entonces, qué se hace.



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