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Martes, 21 de marzo de 2006
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Ético
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La cesta de la compra repleta de comida 'bio'. Y mejor si lo que no se come pero se ve y se toca es absolutamente 'bio'. Comer, beber, vestir y vivir con buena conciencia exige además un consumo responsable y estar en la onda del comercio equitativo. Y el saloncito coqueto amueblado por Artesanos del Mundo. Y con el bello fin de que todo vaya en consonancia con el interior anímico y los interiores hogareños, el exterior corporal ha de ir acorde: zapatillas deportivas envueltas en el halo verde, el color de la moral consecuente que también envuelve ya la fina lencería, o la inevitable camiseta icono indumentario de nuestro tiempo, o el bolsito de étnico tejido, o el pañuelo al cuello, o la colorida bisutería, o sea el adorno superfluo aunque necesariamente ético en lo que respecta a todos los eslabones de la cadena comercial según el último grito que se impone en el corazón de la sociedad de consumo. Ir a la moda ética es lo más chic del momento.

Vestirse al modo ético ha de ser forzosamente a base de fibra natural o con vestido fabricado en condiciones de trabajo decente, que tampoco quiere decir que tenga que ir uno por fuerza con jersey de piel de camello o haya de cubrirse con un auténtico poncho andino. Pero algo está cambiando cuando en el Salón de pret-a- porter parisino jóvenes diseñadores emprendedores presentan por primera vez líneas de ropa y complementos éticamente concebidos y confeccionados que esperan a ser éticamente adquiridos. En el rápido transcurso de un año se crean en Francia una quincena de marcas con el sello de ético, una etiqueta que marca lo más hondo del espíritu como no podrá hacerlo ninguna otra firma al uso.

Un escaparate limpio, un verdadero paraíso para calzar éticamente o dormir un sueño concienzudamente tranquilo con pijama ético que se sabe ha sido diseñado, patroneado, cortado, confeccionado, en fin, pespunteado, cosido, empaquetado con las mejores intenciones. El cliente tipo de la tendencia ética, el 'fashion-ético victim', aquel que entra en este nicho de consumo militante, responde, dicen, a un modelo fijo: joven, con estudios, cierto poder adquisitivo, viaja, navega por Internet, adquiere música y lee... Tampoco en la moda ser puros, éticos, está al alcance de todos.



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