La condena internacional a las fraudulentas elecciones presidenciales del domingo en Bielorrusia ha sido unánime. Salvo Rusia, ningún otro país del mundo u organización internacional se ha atrevido a avalar semejante simulacro de democracia. La UE no descarta aplicar sanciones contra el régimen de Alexánder Lukashenko mientras la oposición que lidera Alexánder Milinkiévich confía en poder movilizar a sus partidarios para forzar la repetición de los comicios.
«La revolución de la que tanto se habló ha fracasado», dijo ayer Lukashenko en una rueda de prensa en la que había más claque dispuesta a ovacionar sus ocurrencias que periodistas. «El virus de la revolución ataca solamente a los países débiles y corruptos», manifestó desafiante el presidente bielorruso. En su opinión, «nadie tiene derecho a imponernos sus esquemas desde Washington, Bruselas o Varsovia».
De acuerdo con los datos difundidos ayer por la Comisión Electoral de Bielorrusia, Lukashenko, en el poder desde 1994, obtuvo el 82,6% de los sufragios en unas elecciones con un índice de participación que, al parecer, superó el 90%.
Pero, no sólo la oposición del país considera que ha habido tongo. El presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OSCE, Alcee L. Hasting, afirmó ayer en Minsk durante una comparecencia ante los medios de comunicación que las presidenciales bielorrusas del domingo «no se ajustaron a los criterios de libertad y justicia» vigentes en los países democráticos. Según Hasting, eso sucedió porque el autoritario líder bielorruso «permitió al Estado utilizar su poder de forma abusiva». El responsable de la OSCE se refirió en particular al clima de intimidación reinante durante la campaña electoral y a las detenciones practicadas entre militantes de la oposición, además del arresto de uno de los candidatos.
El diputado del PP, Jesús López-Medel, unos de los más de 500 observadores enviados a Bielorrusia por el organismo europeo, aseguró que, entre los numerosos procesos electorales que ha podido supervisar en los últimos años en diversos países, «nunca había visto algo tan alejado de lo que deben ser unos comicios libres y democráticos». El parlamentario español citó una larga lista de irregularidades, que comenzaron ya durante la propia campaña, como el desigual acceso de los candidatos a los espacios gratuitos en los canales de televisión, ausencia de interventores de la oposición durante el recuento de votos, urnas fuera de control y, sobre todo, la apertura de los colegios cinco días antes de la jornada electoral, lo que ha dado lugar a todo tipo de manipulaciones. Otros observadores constataron incluso la existencia de grupos de personas que votaron varias veces falsificando la firma. Los observadores internacionales ni siquiera pudieron verificar el escrutinio.
Lluvia de críticas
A Lukashenko le han llovido las críticas también desde la Federación Internacional de Derechos Humanos de Helsinki, desde la UE, cuya comisaria de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, dejó caer ayer la posibilidad de que se apliquen sanciones contra Bielorrusia, y hasta desde la sede de la OTAN. El presidente del Consejo de Europa, Terry Davis, por su parte, calificó las elecciones de «farsa».
Ese mismo término es el que, según el líder de la oposición bielorrusa, Alexánder Milinkiévich, mejor define lo sucedido el domingo en el país. Milinkiévich, el segundo candidato más votado con el 6% de los votos, sostiene que «lo que ha habido en Bielorrusia no son unas elecciones sino una usurpación del poder. Lukashenko no podía presentarse a un tercer mandato». «No reconocemos los resultados de los comicios y exigimos que se vuelvan a convocar», añadió Milinkiévich durante una rueda de prensa previa a una nueva concentración de sus partidarios en la plaza de 'Octubre', en Minsk, la capital del país. En ese mismo lugar se manifestaron el domingo unas 10.000 personas, más o menos la misma cantidad que ayer, pidiendo la celebración de unas nuevas elecciones.
Los otros dos candidatos, el diputado oficialista, Serguéi Gaidukiévich, y el líder socialdemócrata, Alexánder Kozulin, obtuvieron respectivamente el 3,5 y el 3,2 % de los votos. Lukashenko dijo ayer haber votado a Gaidukiévich para, explicó, «evitar hacerlo en favor de mí mismo». El Ministerio de Exteriores ruso difundió ayer una nota asegurando que las elecciones bielorrusas fueron «limpias y legítimas».