Sólo las evidencias empíricas -junto a alguna que otra filtración a los medios informativos- sirvieron para anunciar que la llegada del rey de Marruecos al Sáhara Occidental era inminente. Los bordillos de las aceras recién pintados, los hoteles sin habitaciones libres, un despliegue de seguridad mucho mayor de lo habitual -que ya de por sí es importante-, decenas de enormes retratos del monarca por calles y plazas, el nerviosismo entre las autoridades ante la posibilidad de que haya algún incidente y la obligación de colgar banderas en todos los edificios. La enseña roja con la estrella verde ondeaba hasta en la casa del joven Hamdi Lambarki, fallecido en octubre durante la represión por agentes marroquíes de las manifestaciones pro independentistas.
A las dos de la tarde Mohamed VI aterrizaba mientras centenares de personas le esperaban a pie de calle ondeando banderas y retratos del soberano. Los funcionarios apostados ante ellos, como regidores de un concurso de televisión, les animaban a aplaudir y elevar al cielo las fotos. Asomado por la apertura superior de un vehículo Mercedes, el rey fue saludando en medio de una nutrida comitiva. En dos ocasiones se bajó del coche para acercarse a las vallas y estrechar las manos de la gente que gritaba enfervorizada «¿Asha al Malik, Asha al Malik!» (¿Viva el Rey!).
Muchos de los que ayer se echaron a la calle son colonos llegados desde Marruecos al Sáhara en los últimos treinta años o sus descendientes. A pesar de las presiones, como han denunciado algunos vecinos, para que todos los habitantes de El Aaiún se sumaran a la 'fiesta', un número importante prefirió quedarse en casa. Son los miles de saharauis que, aunque con el paso de los años están en minoría, siguen sin reconocer la autoridad de Marruecos y luchan por la celebración del referéndum de autodeterminación.
Detenciones
Las tensiones, a pesar del despliegue policial, están a la orden del día. Poco antes de la llegada de Mohamed VI, según informaron fuentes locales, se producían todavía detenciones entre miembros de la disidencia, como la del activista Salek Bazid o dos alumnos de un colegio de Bojador, ciudad en la que hubo una manifestación para protestar por la visita de del monarca, y segunda etapa de su viaje al Sáhara.
Desde los campamentos de refugiados de Tinduf el Frente Polisario ha calificado el viaje del soberano de «violación del alto el fuego y una amenaza de la vuelta a la guerra», según la agencia de prensa saharaui. El Gobierno de los independentistas «no ha ahorrado ningún esfuerzo para preservar el alto el fuego e instaurar un clima de distensión propicio a la descolonización de su país».
Pero la presencia de Mohamed VI a lo largo de esta semana en la ex colonia -aunque no hay datos oficiales, podría quedarse hasta el sábado- pretende impulsar el plan de autonomía que Marruecos va a presentar en abril ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Con ese plan Rabat pretende mover ficha en el conflicto y ganarse el apoyo de aquellos que le acusan de obstruir una salida negociada. Considerando al Sáhara una autonomía bajo bandera alauí, Rabat busca oficializar su presencia en el territorio sin dar la posibilidad a que se celebre el referéndum de autodeterminación para que los saharauis decidan su futuro, por eso el Frente Polisario ha presentado su rechazo de antemano.
Esta es la tercera visita del monarca al Sáhara . La primera fue en noviembre de 2001 y la segunda en marzo de 2002, con lo que hacía cuatro años que el rey no bajaba a lo que Rabat considera sus «provincias del sur».