El Parlamento vasco fue escenario ayer una vez más de la división que los matices provocan entre los grupos en asuntos tan sensibles como el apoyo a las víctimas del terrorismo, aunque en esta ocasión la iniciativa en cuestión -en solidaridad con la concejala popular de Azkoitia Pilar Elías- salió finalmente aprobada casi por unanimidad, con las únicas abstenciones de EHAK y Aralar. Eso sí, tras un agrio debate en la comisión de Derechos Humanos en el que quedaron patentes las fricciones que términos como 'reconciliación' o 'arrepentimiento' provocan todavía en un momento de especial expectativa de paz.
La diferencia esta vez estuvo en el resultado final. El tripartito no quiso quedarse descolgado del texto de apoyo a la edil presentado por su partido, el PP, pese a que, secundado por Aralar, había registrado una enmienda de totalidad que, de forma sucinta, hacía dos añadidos: el «compromiso con los derechos humanos de todas las personas» y un llamamiento a la sociedad para que adopte «iniciativas de reconciliación».
No obstante, el representante popular, Santiago Abascal, dejó claro que su grupo no pensaba descafeinar el contenido de una iniciativa en la que habían hecho un especial «esfuerzo» de redacción para que pudiera ser asumida por el conjunto de los grupos de la Cámara. «No cuenten con nosotros para medias tintas», remarcó un Abascal «sorprendido» por la decisión de PNV, EA, EB y Aralar de enmendar su texto, que expresa la solidaridad de la Cámara «con Pilar Elías, víctima del terrorismo, que, tras largos años de sufrimiento se ha visto sometida a la terrible injusticia de enfrentarse a diario con quien, sin haber mostrado el más mínimo arrepentimiento y sin haber hecho frente a las indemnizaciones debidas, asesinó a su marido, don Ramón Baglietto». Previamente, en la justificación, se constataba que, «en el colmo de la desvergüenza y la ofensa», el etarra Kandido Azpiazu abrió una cristalería junto al portal de la viuda de su víctima.
A juicio de Abascal, el único objetivo de los enmendantes era «meter de tapadillo» el reconocimiento de los derechos de Azpiazu, «que nadie niega», y abogar por una reconciliación que, para el PP, requiere de previo «arrepentimiento, petición de perdón y reconocimiento del daño causado». En la primera ronda de intervenciones sólo el socialista Rodolfo Ares expresó sin 'peros' su apoyo al texto porque, subrayó, una democracia «no puede permitir» que alguien que ha mostrado una actitud «chulesca» y «contumaz» en defensa de «comportamientos inmorales y totalitarios» se aproveche de ella para «martirizar a una familia».
«Juego sucio»
Aintzane Ezenarro (Aralar) consideró que un Parlamento no debe valorar el arrepentimiento; la representante de EHAK Itziar Basterrika aseguró que la izquierda abertzale «acepta» que todas las víctimas sufren pero denunció el «juego sucio» del PP y Gema González de Txabarri, del PNV, reprochó a los populares que pretendan «dar lecciones» cuando alguno de sus líderes -en referencia, después concretada, a Manuel Fraga-, tampoco se ha arrepentido de su pasado franquista y no dispensen el mismo trato a todas las víctimas «de la violencia política». Sólo el representante de EA, Rafael Larreina, se salió desde el inicio del guión y anunció que, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, pensaba apoyar el texto del PP para «corregir el error» que «todos los grupos cometimos» en el Pleno de Azkoitia, donde, dijo, «hicimos el ridículo».
No obstante, al final todos votaron el texto menos Aralar y EHAK, que aprovechó para poner «en duda» que Elías viva «todos los días» en Azkoitia y por tanto sufra «esos acosos que dice el PP».