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Bilbao muestra el apogeo del naturalismo
Una exposición en el Museo de Bilbao reconstruye la transición de la acartonada pintura manierista al naturalismo del joven Velázquez
Bilbao muestra el apogeo del naturalismo
LA OBRA CLAVE: 'LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES'. ANÓNIMO. HACIA 1620
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Sevilla. Entre 1590 y 1630; apenas 40 años en los que se alumbra uno de los mayores cambios habidos en la pintura española: un halo de humanidad se colará por fin en los temas convencionales y la pintura controlada por reyes, aristócratas y eclesiásticos. La capital económica de la España de entonces reúne las condiciones idóneas para ello. Principal puerto del comercio con las Indias en los dominios del más importante imperio de la época, y por ello una de las ciudades más cosmopolitas de Europa, lo tenía todo: clases pudientes, incluida la Iglesia, y artistas.

La ciudad andaluza será el crisol en el que se fundan la tradición flamenca de la pintura burguesa, con sus temas civiles y la representación de sus objetos de poder, con la de la pintura italiana, desde la precisión dibujística toscana y la sensualidad veneciana al naturalismo tenebrista de Caravaggio, cuya obra y la de sus seguidores, como Ribera, que se instala en Nápoles en 1616, llega a centros religiosos y colecciones particulares de Sevilla ya en el XVII y sirve de ejemplo a los artistas establecidos en la ciudad.

La exposición 'De Herrera a Velázquez. El primer naturalismo en Sevilla', inaugurada ayer en Bilbao, deja ver todo esto al fin. La muestra reúne cerca de 60 obras entre maestras y ejemplares de una quincena de artistas, ha sido vista por algo más de 70.000 personas durante los tres meses que ha sido mostrada al público este invierno en Sevilla. Hoy abre sus puertas, hasta el 28 de mayo, en el Museo de Bilbao, patrocinada por la BBK, patrono principal del centro, con el que acaba de renovar su convenio de colaboración.

El museo, junto con la Fundación Focus-Abengoa de Sevilla, ha organizado esta muestra en la que los historiadores Alfonso Pérez Sánchez y Benito Navarrete reconstruyen aquel cruce único de circunstancias e influencias que desemboca en el modo natural de hacer del joven Velázquez y los otros dos otros grandes maestros que primarán en el arte español de la época: Francisco de Zurbarán y Alonso Cano, escultor y arquitecto además de pintor y dibujante.

Han prestado obras para la ocasión, de las que cerca de 20 han tenido que ser restauradas, diversas colecciones particulares, algunos conventos y monasterios, además de museos nacionales y extranjeros, como el Prado, el MNAC de Barcelona, el Ermitage de San Petersburgo y el Art Institute de Chicago, que ha vuelto a aportar el célebre 'La multata', uno de los primeros retratos con bodegones de Velázquez, junto con 'Los músicos', de la Gemäldegalerie de Múnich, ambos en la muestra con otras cinco obras del gran maestro español.

Lágrimas de Pedro

Velázquez está representado incluso con una imagen del apóstol San Pedro llorando por haber negado a Jesucristo, que pertenece a la colección Villar-Mir. Otros San Pedros en lágrimas, de autores como Maíno, Herrera el Viejo y Tristán, además de una copia anónima del de Velázquez, forman un recorrido sintético que ejemplifica aquella evolución de la pintura, que entonces adquiere vida por el afán de realismo de sus autores, quienes dotan de psicología a los retratos.

El tema del arrepentimiento, aireado por la Iglesia para hacer frente a la Reforma protestante, habla de lo encorsetados que seguían estando los artistas, aunque ya no renunciaron a representar la vida.

Benito Navarrete expresaba ayer, al presentar la muestra con Pérez Sánchez, la directora de la Fundación Focus-Abengoa, Anabel Morillo, y el director del centro, Javier Viar, cómo a partir de Herrera el Viejo y Juan de Roelas los pintores aspiran a representar «la realidad vivida y sentida».

El sentido de la muestra alcanza su máxima expresión con 'La adoración de los pastores', de la National Gallery de Londres, que hasta el siglo XIX estuvo atribuida a Velázquez, aunque abundan las obras maestras o muy destacadas, y la mayoría poco vistas.

José de Ribera aparece con un San Sebastián a medio asaetear, San Bartolomé en pleno martirio y varios cuadros de los sentidos, de una humanidad apabullante; lo mismo que 'Magdalena penitente' de Tristán. Alonso Cano, muy representado también, aparece con un 'San Juan Bautista en el desierto', que es una de las cumbres de la muestra.



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