El Athletic tiene esta noche ante el Espanyol (20.00 horas, PPV) una oportunidad extraordinaria para conseguir un triunfo que le aporte tranquilidad y le permita agrandar sus dos puntos de distancia con respecto a los puestos de descenso. La obsesión perseguida a lo largo de la temporada, mirar el porvenir con sosiego, se encuentra esta tarde al alcance de la mano para un equipo y una afición que viven todo el ejercicio abrumados por el riesgo de caer por primera vez en su historia a Segunda A.
La tarea no estará, ni mucho menos, concluida con una victoria ante los catalanes, pero en el vestuario hay un cosquilleo que anuncia que con este triunfo el final de la pesadilla se verá más cercano que nunca. Además, a nadie se le escapa el valor añadido que supondría superar a los catalanes en la clasificación y además contar con la ventaja del 'goal-average' tras el 1-1 de la ida en Montjuic.
En la junta directiva se concede valor supremo a un triunfo esta tarde. «A ver si acaba cuando antes la pesadilla», pide Fernando Lamikiz cada vez que ve un micrófono cerca. Javier Clemente, que asume el papel de tener menos urgencias, insistió ayer en relativizar el choque. Es un partido importante pero no crucial, advirtió.
Cada vez queda menos margen de maniobra. Por las circunstancias del fútbol, el Athletic llega al partido en mejor estado de moral que los barceloneses, quienes afrontan la cita en mayor estado de ansiedad. Eso, pese a que el cuadro de Lotina es finalista de Copa y marcha un punto por encima de los rojiblancos en la clasificación.
Sin embargo, resulta evidente que hoy se miden un equipo en alza, como el rojiblanco, frente a otro que se desliza peligrosamente hacia abajo. Es decir, es la cuestión anímica la que eleva al Athletic a la categoría de favorito, por encima incluso de que los blanquiazules lleguen tras doblar el espinazo en sus últimos cuatro partidos fuera, en los que han encajado quince goles y no han recaudado ninguno.
Al Athletic se le presenta un reto extraordinario: ganar tres partidos seguidos, algo que no logra desde diciembre de 2004. Hay tanta confianza en el vestuario tras los dos triunfos seguidos ante Cádiz y Celta que se intuye que en los próximos días se puede vivir el final de la travesía por el desierto.
A estas alturas nadie tiene inconveniente en el club en señalar que el objetivo son un mínimo de nueve puntos en los cuatro próximos encuentros, Espanyol y Osasuna seguidos en San Mamés, Alavés en Mendizorroza y, de nuevo, en Bilbao ante el Mallorca. Si esa meta se alcanza, el Athletic podrá vivir en el cielo de la tranquilidad los últimos partidos de la temporada.
En el entrenamiento de ayer surgieron un par de incertidumbres sobre la alineación. Orbaiz se retiró antes por molestias y Ustaritz sufre molestias estomacales. Nadie espera, sin embargo, que se pierdan el choque. Su importancia les hará jugar, aunque sea al límite.
Clemente, por tanto, recupera a Orbaiz, sancionado en Vigo, y Urzaiz, a quien concedió descanso. Como quiera que Expósito es baja por la expulsión en Balaídos, la recomposición del equipo pasa por que Iraola retrase su posición al lateral derecho para cubrir la baja del defensa de Cruces.
Urzaiz y Aduriz
A partir de ahí, Etxeberria volverá a colocarse como interior derecho y Urzaiz y Aduriz serán la dupla del ataque. Esta fórmula ya fue empleada ante el Cádiz, aunque tuvo que ser abortada a los pocos minutos por la tempranera expulsión de Amorebieta. Al margen de la ausencia de Expósito, Murillo, muy bien como medio centro en Vigo, es el otro jugador que cae.
Este Espanyol es distinto del que alcanzó la UEFA el pasado año. Mucho menos veloz, menos fluido en la circulación de balón. Menos compacto. Además, llega con las bajas de sus goleadores Tamudo y Luis García, jugadores en torno a los cuales se articula todo el juego ofensivo de los blanquiazules. Los rojiblancos han decidido, sin embargo, tratarles como un rival peliagudo. No por juego ni por sus últimos resultados fuera de Montjuic, sino porque, como le sucede al Athletic, interpreta que necesita ganar esta noche para agarrarse a la Primera división.